En estos momentos la vida de Zadie Smith parece idílica: Joven, rica, famosa y con una aura viva de intelectualidad. Tuvo la buena fortuna de que las primeras cuarenta páginas de su primer manuscrito llegaran hasta la oficina de un editor que le pagó por adelantado una suma considerable por una novela que le ha valido un éxito desproporcionado, un éxito que se le escapa por las manos incluso a la propia Zadie, un éxito que la tiene viajando por todas partes, que no la deja escribir, que no la deja descansar, que la agobia.
Pero es que Dientes blancos fue lanzada con bombos y platillos, ha recibido críticas favorables de parte de Le Monde y de The New York Times, ha ganado los premios Whitbread y Guardian de Gran Bretaña, ha sido finalista del Booker, ha vendido millones de copias, ha causado sensación, fue el libro de la temporada - no ha llegado aún a Panamá - apareció en cada revista especializada, fue comentado en programas, fue una especie de moda en el mundo anglosajón. Porque ahora el mercado editorial funciona así, pero ese no es nuestro tema, el tema es Dientes blancos de Zadie Smith, una chica que a sus 27 años se haya sumergida en todo lo que involucra el mercadeo de un libro.
Además del gélido humor inglés - fino e intelectual - Smith trata el tema de la multiplicidad de etnias que conviven hoy día en Inglaterra. Ella misma es producto de esa mezcla: nació y creció en Londres pero es de ascendencia jamaicana, y, aunque su apellido es el común Smith su color de piel es oscura y su cabello es crespo.
Y a buen tiempo llegó este título, cuando el mundo, aparentemente, se está haciendo cada vez más uno solo. Sin embargo, la autora se niega a etiquetar su novela como de "multirracial": "Yo quería escribir sobre Londres y sería absurdo hacerlo sin hablar de gente de distinta procedencia. Pero el tema del libro no son las razas ni nada parecido. Me sorprende que tanta gente me pregunte sobre esto. Para mí es lo más normal del mundo. El Londres de ahora es multirracial. Pero la verdad es que esto no me interesa demasiado".
El libro le ha quedado - sin ella quererlo o no - como una sátira de la sociedad londinense, como la crónica de dos familias de inmigrantes clase media baja que persisten en la tarea de criar a sus hijos adolescentes. El problema es que estos hijos - niños de la segunda generación de inmigrantes - están totalmente integrados a la cultura inglesa. A pesar de sus padres. Las parejas son Alsana y Samad Miah Iqbal (musulmán originario de Bengala) y Archie Jones (inglés) y Clara Bowden (de Jamaica). La primera son padres de los gemelos Magid y Millat, la segunda tiene a Irie Jones.
Para el musulmán, la desesperación de ver a sus hijos involucrados de forma natural con el país que los acogió alcanza niveles tan altos que elige a uno de los dos para enviarlo, siendo apenas un niño, a la India en busca de sus raíces (Una escena irónica es que este mismo hijo regresa a Londres aparentemente purificado y cuando el padre lo invita a un café musulmán lo que pide es un emparedado de bacon).
La cultura, la moral, la tradición y la humanidad son las piezas que mueven a estos personajes cuyos diálogos han sido tan aclamados y que denotan frescura y humor. La sátira aparece envuelta en la obsesión que dirige la conducta de estos seres. Hay una Testigo de Jeová que no vacila en ser consecuente con la interpretación literal de su doctrina preparándose para la salvación eterna de unos cuantos al momento del juicio final.
Incluso algunos caen en el ridículo tratando de ir contra la corriente, contra esa corriente que por momentos pareciera que aplasta los orígenes, que causa desarraigo, pero que se impone finalmente y crea una riqueza cultural dinámica y trascendental. Es la corriente del modo de ser de una gente, de lo que comen, de lo que bailan, de la forma de hablar, de la forma de ser y de vivir.
A Smith se le puede aplaudir por su disciplina (su libro es voluminoso) a tan corta edad, por delinear personajes con rasgos que no dan pie a ambivalencias, por hacernos creer que son londinenses de la calle, por hacerlos débiles, por darles carácter y no convertirlos en redentores de nada. Zadie Smith acaba de publicar otro libro, se llama "The autograph man" y aún no ha sido traducido al español. Le interesan los personajes obsesivos y por esa misma línea ha apostado en esta segunda ocasión.
Gente distinta llevada al papel
A Smith se le puede aplaudir por su disciplina (su libro es voluminoso) a tan corta edad, por delinear personajes con rasgos que no dan pie a ambivalencias, por hacernos creer que son londinenses de la calle, por hacerlos débiles, por darles carácter y no convertirlos en redentores de nada.