Variedades

Goza el reto de crear personajes

Para representar lo mejor posible su papel Agustín se documentó lo más que pudo. Nos dijo que vio muchos videos de casos de autismo severo, casos muy difíciles.


Un equipo
  • En cuanto a la producción, el director y el elenco, destacó que: “La buena producción de La Estación fue imprescindible para el éxito de este proyecto. La obra toca temas muy delicados y que merecían ser tratados con mucho respeto. En cuanto a la dirección, sentí mucho apoyo de Bruce Quinn y de Thyrza Guerrero, quien asistió a Bruce y fue de gran ayuda en el día a día del proceso de creación de personaje. Bruce Quinn mantiene intacto el buen gusto del montaje en cada momento”.

Para representar lo mejor posible su papel Agustín se documentó lo más que pudo. Nos dijo que vio muchos videos de casos de autismo severo, casos muy difíciles.

También fue al Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE) “en varias oportunidades. Me ayudó mucho ver la interacción de estos jóvenes con sus madres. La forma en que los padres controlan y guían a sus hijos con el amor y dedicación”.

 

Esta experiencia actoral lo ayudó a ver la vida desde una perspectiva más amplia, ya que “en el trabajo de investigación descubrí que los problemas que yo pueda tener son ínfimos al lado de las vidas difíciles que mucha gente vive”.

Añadió: “Vi de cerca a madres y padres que a pesar de no tener un hijo ‘perfecto’ salen adelante. Pese a todo luchan por sus hijos, sufren con ellos y se hacen fuertes en ese proceso. Los llevan a todas las terapias que pueden para que sus vidas sean mejores. Ver esa fuerza de madres que tienen que dejar de lado sus vidas para dedicarse en cuerpo y alma parten el corazón a cualquiera. Son un ejemplo para todos”.

 

Agustín compartió otros aprendizajes con los lectores. “Hay muchos niveles de autismo, algunos imperceptibles y otros muy severos. Por recomendación de la profesora Laura Araba, del IPHE, leí un libro llamado “La razón por la que salto”, de Naoki Higashida. Este es un libro escrito, con ayuda de su madre, por un joven japonés autista. Cuenta capítulo a capítulo la forma rara en que su cerebro funciona ante situaciones fáciles para cualquiera de nosotros.

“La desesperación de no poder comunicarse. El trauma de intentar interactuar con amigos y familiares y no poder. La angustia de no poder controlar sus movimientos y golpearse o golpear a gente querida. Es una vida muy dura para ellos y para quienes los rodean”.

 

Para Agustín lo más gratificante de interpretar a Pably, el autista de 30 años, en “¡Dios mío!” es cuando se le acercan personas y le comentan que tienen algún familiar con ese problema y agradecen el respeto con que se toca el tema.


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947513
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América