El glamour y la sofisticación que siempre están presentes en el Festival de Cannes son este año protagonistas en la inauguración de la 67 edición.
Abrió el festival la esperada y muy polémica cinta Grace de Mónaco, con una espléndida Nicole Kidman como la no menos soberbia Grace Kelly.

El proyecto, dirigido por el francés Olivier Dahan (La vida en rosa), llega a Francia rodeado de expectación por el personaje en sí, que retrata -íconos de la historia del cine-, como por las críticas lanzadas en contra de Kidman por la familia real de Mónaco.
Los Grimaldi zanjaron cualquier duda sobre su apoyo a la película cuando el 2 de mayo hicieron público un comunicado, en el que aseguran que se trata de una producción, una página de la historia del principado, basada en referencias históricas erróneas y literarias dudosas.

El filme retrata el momento en que Grace Kelly, en pleno auge de su carrera cinematográfica, abandona el cine para casarse con Rainiero de Mónaco en 1956, y muestra además el conflicto interno generado cuando el director Alfred Hitchcock le propone seis años más tarde volver a Hollywood.
Pero más allá de polémicas, el estreno del filme, fuera de competición, aportó el necesario glamour a la apertura de Cannes y a su alfombra roja, que estrenó Kidman, y en la que también se esperó a la francesa Julie Gayet, quien dobla a la protagonista en su versión francesa.

Este glamour continuará en los siguientes días con la presencia de estrellas. Por la Croisette pasearán desde Marion Cotillard, protagonista de Deux jours, une nuit, de los hermanos Dardenne, en la competición oficial por la Palma de Oro, a Kristen Stewart y Juliette Binoche, presentes por Sils Maria, de Olivier Assayas o Bérénice Bejo, por The Search, de Hazanavicius.
