El mayor fervor religioso del pueblo guatemalteco se ve en la capital, que tiene una población de unos dos millones de habitantes, y en la vecina ciudad de Antigua Guatemala, donde se celebran las procesiones más majestuosas, lo que atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros.
Cada año, la catedral, cuya construcción se inició el 25 de julio de 1782, luce un hermoso colorido en su interior y exterior, por los miles de fieles que llegan a orar por el bienestar de este país, que a lo largo de la historia ha sido uno de los más violentos de Centroamérica, aunque también de los más religiosos.
Las fiestas de Semana Santa comenzaron este año con el tradicional Domingo de Ramos, con los que se recuerda la entrada de Jesús en Jerusalén.
Los ramos, elaborados con hojas tiernas de palmeras, se venden en el atrio de la catedral por mujeres campesinas que los adornan con diminutas flores silvestres de color púrpura.
De ese mismo color son las túnicas de los niños y jóvenes que cargan la imagen de Jesús y otras en las múltiples procesiones, mientras que las niñas visten de blanco.
"Mis padres me han inculcado la fe cristiana, por eso participo y me siento bien", comentó Elmer José Estrada, un niño de ocho años, tras participar en una de las procesiones.
Mientras en diversos sitios de la capital se celebraban diversos actos religiosos, centenares de guatemaltecos de todas las edades participaban ayer en la confección de las grandes alfombras con diversos motivos, a base de serrín de pino en diversos colores, para las procesiones del Jueves y Viernes Santos.
Las alfombras, que duran el tiempo de una procesión, cubren calles y avenidas enteras de la capital, principalmente en el casco histórico, que desde el miércoles es cerrado parcialmente a todo tipo de transporte.
Plantillas de materiales livianos les dan forma a las alfombras, de las que algunas miden unos tres metros de ancho por 50 y hasta 100 de largo.
Frente a la catedral y a un costado de la misma, se han levantado dos tendidos de gradas para que unas 6.000 personas puedan presenciar las procesiones. En la Plaza Mayor, frente al Palacio Nacional y la catedral, familias capitalinas y del interior del país se instalaron desde el pasado domingo con puestos de comida, bebidas refrescantes, dulces típicos, imágenes religiosas y ropa.
Como postre, los vendedores ofrecen una amplia variedad de coloridos dulces de leche, guayaba, tamarindo, cacahuete, ajonjolí, fresa y de semillas de calabaza, entre otros.
Entre los postres típicos, algunos traídos del religioso pueblo de Esquipulas, no faltan los "rosarios", un collar con dulces redondos cubiertos con "tusas" (hojas de maíz seco), teñidas con múltiples colores.
Completan el mosaico de colores la vestimenta típica de los indígenas guatemaltecos, que una vez al año, en Semana Santa, se instalan en la Plaza Mayor.