Ni el príncipe Guillermo, ni el príncipe Enrique, ni las novias de ambos, Kate Middleton y Chelsy Davy tendrán que pagar lo que consuman en Boujis, uno de los lugares de culto de la noche londinense.
El club situado en South Kensington quiere asegurarse así una buena clientela ansiosa de codearse con los miembros más jóvenes de la familia real mientras escuchan su música favorita y "echan un baile".
Pero como todo, esta campaña de mercadeo ha provocado ya sus primeras críticas.
La primera noche que Guillermo y Kate hicieron uso de esa "promoción especial" pasaron cinco horas en el local.
Durante todo ese tiempo dispusieron de una camarera dedicada en cuerpo y alma a cumplir todos sus deseos. Cuando Guillermo y Kate abandonaron el club no dejaron ni una mísera moneda de propina.
¿Tacaños? ¿Falta de dinero suelto? ¿O un lamentable olvido, preocupados como andan con el tema de los paparazzi?
Las malévolas lenguas de la corte de los Windsor dicen que de tal palo tal astilla, recordando lo agarrado que es el príncipe Carlos.