Sorpresa causó en la familia real, el anuncio hecho por el príncipe Guillermo de Inglaterra, quien advirtió su deseo por liderar tropas en un eventual conflicto bélico, según publicó el diario británico "Sunday Mirror".El joven, de 23 años, quiere participar en una guerra con las Fuerzas Armadas de su país, cuando terminé sus estudios militares en "Sandhurst", la academia castrense más prestigiosa de Gran Bretaña
El Reino Unido podría movilizar a 3.300 soldados de la Guardia Galesa, un regimiento de infantería de elite, en los próximos meses a Afganistán.
En 1795, por el Tratado de Basilea, España se vio obligada a ceder a Francia la parte occidental de la isla de Santo Domingo. La resultante inestabilidad motivó que, a finales de ese año, las reliquias colombinas fuesen exhumadas y trasladadas a La Habana en el navío San Lorenzo. Según algunos historiadores, no se halló constancia física ni documental alguna de que los restos fuesen efectivamente los de Colón.
Aquellas cenizas fueron destinadas a la Catedral de La Habana y, después que las dignidades ecleciásticas le dieran ingreso, se cantaran los cánticos usuales para la ocasión y el presbítero José Agustín Caballero pronunciara el panegírico, se las guardó bajo llave en un nicho del presbiterio.
En 1812 el Duque de Veragua, descendiente de Colón, reclamó el regreso de los restos a Santo Domingo pero la incierta situación política condujo a la desatención del requerimiento. El obispo Espada realizó obras de ampliación de la Catedral en 1822 y en esa ocasión se extrajo un ataúd señalado en su tapa con la inscripción: "Aquí yacen los huesos de D. Cristóbal Colón Primer Almirante y Descubridor de las Américas".
Al abrir de nuevo la urna fueron depositadas, junto a las cenizas, la constitución de la monarquía española y una medalla conmemorativa.
En 1877 se produjo en Santo Domingo el hallazgo de unos despojos que fueron tenidos -por los dominicanos-, como los auténticos del Almirante, estimándose que los enviados a La Habana habían sido los de su hijo. Se generó entonces un debate entre historiadores y antropólogos, conocido como "El dilema de los dos sepulcros".
Para colmo de aventuras en 1898, al perder España la última de sus colonias de América, se dispuso que las supuestas reliquias del Almirante regresaran a España. Al abrir, una vez más, la urna hallaron un hueso de unos diez centímetros de largo y mucha ceniza gruesa, en lugar del polvo fino que algunos suponían. Colón volvió a su sitio de origen, a Sevilla, en cuya catedral se mantiene hasta hoy.
Todo este peripatético juego ha sido cuidadosamente consignado por el historiador Eusebio Leal en una conferencia que pronunciara en un Encuentro Colombino, efectuado en Sevilla en 1988. Alejo Carpentier cita en su novela El arpa y la sombra al conde Roselly de Lorgues para quien "Colón fue un santo; un santo ofrecido por voluntad del Señor allí donde Satanás era rey". Si ello fuere cierto, Satanás se ha vengado sobradamente con esta revoltura de huesos, y la consiguiente confusión de despojos, que ha condenando a perpetuo vagar al alma del Descubridor de América.