Hace dos o tres años atrás, escuchaba impresionada los comentarios que mis amigas hacían sobre las domésticas que con ellas trabajaban y cuidaban sus bebés.
Con el transcurrir de los años, he llegado a comprender la desesperación que viven los padres de familia cuando se ven obligados a dejar a sus nenes bajo el cuidado y vigilancia de personas poco capaces o incapaces en su totalidad para desempeñarse en la delicada labor de cuidar un bebé.
LA NOTA
Me comentaba una conocida que un buen día llegó a su casa y para sorpresa suya, la joven que cuidaba a su hijo había decidido marcharse, recoger sus cosas y volver a Penonomé, lugar de donde provenía. Una pequeña nota en la refrigeradora, "extraño a mis padres. Gracias por todo", mal escrita , pero comprensible, se hacía notar, mientras el pequeño de tres años a quien estaba supuesta a cuidar dormía a pierna suelta sin saber que estaba completamente solo en casa.
RECIBIA VISITA
Este es un caso entre mil. Una amiga tuvo que despedir a su nana, ya que, durante su ausencia, su romántico novio la visitaba, comía, dormía y se bañaba en su casa. La muy descarada negó lo ocurrido, hasta que un buen día fueron encontrados acurrucados y acaramelados mirando la televisión.
La experiencia me dice que hay que tener cuidado. Es necesario saber qué clase de persona se lleva a casa para cuidar a su bebé ya que los cuentos sobre las nanas son interminables.
FAMOSAS ARTISTAS
Los propietarios de agencias de colocaciones se hacen cada vez más ricos: 35 ó 40 balboas cobran por conseguir a una doméstica, de la que no saben nada, ni a la que le exigen un récord policivo en la mayoría de los casos. Tan sólo ocho días a prueba y si no llena los requisitos le consiguen otra, pero que seguramente demorarán en contactar.
Muchas personas han conseguido buenas muchachas en las agencias, pero a la gran mayoría de la gente no le han resultado.
ONCE NANAS
En mi triste caso, he tenido la mala suerte de no encontrar una nana que cuide de mi bebé como Dios manda. Anita tiene tan sólo dos años y han desfilado por mi casa once chicas entre los 15, 37 y hasta 57 años de edad. Unas con buenas intensiones, otras llenas de pereza, algunas rápidas, otras lentas y en el último de los casos glotonas y dormilonas. ¡Bueno!, es que "de todo hay en la viña del señor".
Aún recuerdo a la primera niña. Ella era muy voluntariosa, pero a la hora de cuidar al bebé era un real desastre; su peor costumbre era pasearse por la casa en camiseta blanca sin sostén y en segundo término repartir mi número de teléfono a quien se encontrara en el camino.
LA VERAGÜENSE
Otra de las tantas que tuve era de Santiago de Veraguas. ¡Inteligente!, pero deseaba trabajar de lunes a viernes, ya que los sábados eran para descansar. Ella deseaba imponer sus propias reglas y horarios. Obviamente, no lo podía aceptar, así que se fue por mejor oportunidad de trabajo y donde se le permitiera dormir más o menos hasta las 8:00 a.m..
LA CHRICANA
Llegó la tercera candidata. Llena de experiencia y proveniente de Chiriquí, ágil y dinámica. ¿Qué más podía pedir?.
El pequeño problema con ella era que todas las quincenas deseaba reajuste salarial. Amenazó en dos ocasiones con dejar el trabajo, ya que a su juicio ella estaba allí para "pasar el rato", ya que no necesitaba trabajar porque su madre tenía una casa bien grande donde ella estaría tranquila y sin que nadie la molestar. Ella se fue un fin de semana, como de costumbre, pero jamás regresó.
Cuando no se tiene quien cuide un bebé, quedar sin ayuda es todo un caos. A pesar de todos los problemas que nos ocasionan, ellas son un mal necesario al que para mantenerlo y hay que pagarle.
Cuando la carabela es ñata, no hay cirugía efectiva. Después de la chiricana, llegó una coclesana que necesitaba trabajar para ayudar a su madre y siete hermanitos. Esta pequeña criatura comía por ocho. Aún recuerdo cuando inocente e ingenua estuvo a punto de triturarse 11/2 lbs. de carne molida en un almuerzo, creyendo que todas las albóndigas eran para ella.
La glotoncita, como le apodamos en casa, a pesar de que aumentó nuestro presupuesto quincenal y ella en libras, era buena para nada. Más rápido que ligero la despedimos.
LA CHIMANERA
Desesperados fuimos a una agencia de colocaciones en donde de la noche a la mañana, nos consiguieron a una muchacha de Chimán. Callada, muy callada. Esta era adventista y por ello necesitaba tiempo para leer la palabra de Dios durante el día, mientras mi pequeña destrozaba el hogar y hacía todo lo que le venía en gana. Pero, era aceptable, dadas las circunstancias.
La chimanera, un buen día me dijo que ella solamente iba a trabajar un mes ya que tenía asuntos pendientes con la iglesia de su pueblo. Así como vino, se fue, pero se llevó con ella los 40 balboas que me costó conseguirla en la agencia y los perfumes que le gustaron.
LA DULCE ABUELITA
Finalmente, una dulce señora de 57 años cumplidos, aunque aparentaba más edad, llegó a nuestras vidas. Mi bebé se encariñó con ella. En realidad la trataba muy bien que hasta la perra le hacía coqueterías.
Para nosotros su figura era la de una dulce abuelita que disfrutaba cuidando a su nieta, pero más allá de la parte afectiva, se ocultaba una persona despreocupada de los oficios de la casa, alejada de la cocina a la hora de preparar los alimentos, pero parte esencial de ella, a la hora de comer. Un poco más allá, desinteresada de la salud y la alimentación de la bebé.
Fue fácil darnos cuenta de que la doña no cuidaba debidamente a la nenita. Un buen día, por remordimientos o no sabemos por qué, lo expresó francamente y anunció que se iba para que otra persona la atendiera mejor. La pequeña había enfermado y perdido mucho peso, fue allí donde se evidenció la falta de atención.
SE BUSCA NANA
Ahora, viajamos a diario con Anita para que un familiar cuide de ella mientras nosotros trabajamos.
Si usted cree que nos ha pasado de todo, pues, estamos seguros de que no es así. Entre otras historias, algunas personas han sido objeto de agresiones físicas y verbales por parte de domésticas. En algunos hogares se han perdido comida y objetos de valor, han entrado delincuentes como Juan por su casa y se ha podido comprobar maltrato contra los menores.
No todas las historias son iguales. Conozco de una chica que tiene en su casa a una muchacha que es prácticamente parte de la familia, que atiende perfectamente a su niña y que se ha ganado la confianza de todos y así como este caso hay muchos.
Son muchas las peripecias por las que hemos pasado por llevar al seno de nuestras familias a una "nana". No obstante, la necesidad de buscar ayuda para cuidar a nuestros tesoritos, nos obligan a tener que aceptarlas como un verdadero mal necesario.