En esta nueva vuelta a la manzana del artista costarricense nos enfrentamos a un área, anecdóticamente hablando en su caso, no frecuentada con anterioridad. A la fecha en este contexto se centralizaba en zonas, sensorialmente definidas, más plácidas o a lo sumo menos inquietante: parques o sitios de reuniones en los cuales aprehendía el ánimo del observador, o bien bucólico o bien la composición equilibrada, irrumpida, eso sí, por los ángulos de visión arquetípicos del artista.
En estos trabajos previos suyos, gran parte de los mismos expuestos en "ArteConsult" a lo largo de estos últimos años, su posible espacio pictórico se relacionaba con ese continente de anécdotas bucólicas y quizá, partiendo de las misma, la insistencia en lo turgente de la línea y en cierto contexto del propio color, a manera de un detalle discordante en toda la sinfonía pictórica.
"En la noche", nombre que ampara esta serie más reciente, el espacio se puebla de formas en cierta manera más inquietantes y de paso más sugestivas al ser sujetos de una percepción. Stanley pareciera observar y capturar de allí su centralización ahora en torno a un cierto matiz de sexualidad humana, en todas sus posibles variantes, asumiendo la coordenada como objeto de oferta y demanda y toda la realidad como un gran mercado de sexo. La turgencia previa en las formas anteriores es reemplazada ahora por un acentuado expresionismo como si se nos quisiera insistir en su grado de representatividad más que en su grado de percepción. Visión ésta que impone una cierta teatralidad en la composición, como si para el artista el "hecho" fuese uno de componer y recomponer. Stanley ofrece al observador urbano, una visión particular de hombres y mujeres. Misma, en la cual priman los primeros como sujetos que observan y las segundas, como sujetos, que son observados. Esto agudiza el dibujo que ahora es más depurado que en sus trabajos anteriores si bien priman aún, en sus ordenamientos esos ángulos de visión que obligan al observador a deformar o a acentuar los motivos centrales de la composición.
Igualmente el manejo del espacio. En Stanley la claustrofobia es como una constante. Sus series anteriores, entre otras la de los "parques", encerraban la aparente exterioridad en espacios limitados. De allí la sugerencia a la "teatralidad" como si estuviesen escenificados de "esa forma" para quien los observase. Acá, eso mismo pasa ser como una constante e incluso hay puertas y ventanas que no se abren hacia otra cosa que no sea el espacio que se encierra o bien son como elementos que solamente sugieren una "salida" sin darla a plenitud.
Más importantes, las lecciones posibles en torno a Morales y a Rojas, se muestran asimiladas de forma óptima por ser menos obvias y nos presentan al artista, precisamente por su connotación de deuda y de herencia centroamericana, más maduro, remitiendo el calificativo como sinónimo de más personal.
ULISES BRETAÑA EN "ANONIMOUS"
Bretaña exhibe por vez primera en nuestro medio y sus trabajos ("La inmensa brevedad del ser: el Paraíso Recobrado", es el título de la muestra) no se encierran en la presencia de Pedro Pablo Oliva sino que antes bien y de forma diferenciatoria nos reiteran la existencia, de una posible tendencia dentro de un sector de la plástica cubana (¿dónde sino esa atmósfera de parodia que va mucho más allá de la reiteración y de la apropiación?) y, sin ánimo de generalizar la idea, con sus particulares y posibles variantes. De ahí el hecho de destacar ese humor y esa enigmática sugerencia que hace mucho más trascendente estos acrílicos (se incluyen dos grabados, técnica mixta, sobre cartulina) de este artista cubano, nacido en l957.
El conjunto coincide con variables que ya hemos observado en no pocos artistas de esa isla caribeña y que han expuesto en nuestro medio, en estos últimos años. De un lado la recreación o evocación de temas o modelos conocidos dentro de la historia del Arte (sacados de contexto cuando no re-interpretados) y del otro lado un dibujo que se regodea de manera abierta en la exuberancia de la línea y ésta a su vez en formas que amparan otras formas y de manera casi alucinante. A ellas sumaríamos ese humor, acotado a los inicios y una evidente connotación ambiental y/o ecologista.
No mencionamos éstas como concluyentes en la obra de Bretaña y sí como las que saltarían a un primer plano al analizar su obra expuesta en Panamá. Ellas sumadas a un manejo del color que no rehuye sino que se aboca de manera consciente hacia contrastes que a no pocos parecerían discordantes cuando no dispares y que parecieran ser caros a Bretaña. Esto, con escasos pigmentos dado que no se remite a una escala mayor de los mismos sino que se regodea en ciertos tonos terrosos cuando no, neutros pero afines con su idea de contrastes y de paradojas.
La composición en el caso de este "paraíso recobrado" que tendríamos que ofrecer como fondo existencial de esa "inmensa brevedad del Ser", tiende a la neofiguración. Así, formas que podríamos asumir como "fijas", sobre todo si nos remitimos a lo exterior, sin dejar de serlos conforman figuraciones nuevas: palmeras que lo son sin serlo, herbazales que nos colorean tonalidades inexistentes, seres deformes que se nos semejan naturales en su conformación dentro del paisaje y esferas que parecieran levitarse dentro del paisaje. Esto sin contar superficies que semejan tableros de ajedrez cuando no plataformas artificiales que emergen de paisajes que nada tendrían que ver con el "artificio" y que le darían una nueva significación a la superficie..
¿Una Naturaleza que a partir de la negación de lo natural define nuevos arquetipos y paradigmas de los mismos? ¿Escape a través del sueño y de la paradoja y en torno a lo apremiante de lo real? ¿Evocación de un tiempo que no tenemos necesidad de evocar sino de recobrar? De alguna manera éstas y otras alternativas de percepción nos entregan esta muestra de este nuevo y valioso artista y de cuyo primer impacto dejamos constancia en estas líneas de hoy.