Con los acontecimientos políticos que surgen cada día, especialmente ahora que ya todas las nóminas están definidas, no he podido sustraerme al tema, y viendo las presentaciones de los diversos candidatos, no solamente los que aspiran a la presidencia y vice presidencias de la república, sino a los del resto de cargos de elección, me sentí motivada a escribir este artículo para hacer una reflexión, independientemente de cualquier idea o tendencia política.
Hemos visto de todo en las noticias de los últimos días: un candidato llamando a otro mentiroso y ladrón, un legislador y una presidenta de partido discutiendo quién es más corrupto, un alto funcionario denunciando como novedad, precisamente ahora, lo que todos sospechábamos desde hace varios años... Creo que en una sociedad que se precie de civilizada y educada no podemos permitir que se den estos casos tan bochornosos, que tan mal ejemplo ponen en nuestra juventud.
Independientemente de los acontecimientos o de las situaciones personales o profesionales de cada uno, todos deberíamos establecer unas relaciones dentro de un marco de respeto, cordialidad y decoro, y el modelo deben darlo precisamente las personas públicas. ¿Y quiénes son más públicos que los candidatos políticos?
Se puede ser muy famoso, tener un gran nombre familiar o cargos muy importantes, pero no por ello se debe dejar la educación y las buenas maneras de lado. El hombre debe ser siempre primero caballero, y la mujer dama, después pueden ser todo lo demás. Una conducta amable, un saludo cordial, un buenos días o buenas tardes, un gracias o por favor, un hasta luego... las normas básicas de la educación no se le deben negar a nadie, y mucho menos si quien está en la situación es un político o política aunque pertenezca al bando contrario.
Los políticos de hoy día, claro que con algunas excepciones, (muy pocas por cierto, tan pocas que se destacan enseguida), creen que si gritan mucho y son muy groseros se verán con más carácter y por consiguiente, atraerán a más votantes. Nada más alejado de la realidad. Los ciudadanos están hartos, entre otras cosas, de la malacrianza y las groserías que se ven en los medios, y no necesitan más. Y esto me recuerda cómo en días pasados una pariente me contó que se encontró con un amigo quien al ver que ella se le acercaba, cambió de rumbo mirando hacia el otro lado para no saludarla, porque sabe que ella tiene sus simpatías en otro partido que no es el suyo.
¡Y el amigo en cuestión es un candidato a una vice presidencia! ¡Pobrecito! (No él, pobrecito nuestro país). ¿Qué sería de nuestra sociedad si no saludáramos al vecino porque es de derecha, a la secretaria en el trabajo porque es de izquierda, a la peluquera porque es lesbiana o al repartidor de periódicos porque es gay?
Y no tratemos de excusar esas acciones arguyendo que la persona está "despistada", que un candidato a un cargo de elección no se puede dar el lujo de andar despistado por la vida en tiempos de campaña...ni en ningún otro tiempo. Lo cortés no quita lo valiente.
Expresó que los bañistas que vienen de Panamá, no les gusta pagar los cincuenta centésimos de la regadera. Al preguntársele por la situación del agua, que es otro de los males de este lugar acotó que ésta llega cada tres días a los lugares altos. "Casi nunca hay agua...tenemos que vivir como gorgojos", agregó.
"Las autoridades nos tienen olvidados, estamos tan cerca de la ciudad y a la vez tan lejos", puntualizó. Otro de los dilemas que diariamente inquietan a los taboganos es el pésimo estado que presenta el muelle de desembarco, donde la separación entre los tablones que componen el muelle tienen cerca de una pulgada de distancia uno de otros.
En momentos en que los usuarios se prestaban para abandonar la isla una señora de la tercera edad se cayó estrepitosamente. "Diariamente unas 10 personas se caen en este muelle", dijo uno de los residentes del lugar que se encontraban en el muelle.