Rol de los hijos
- Las generaciones más recientes, al estar más “bombardeadas” por la maquinaria publicitaria y al convivir con agentes culturales favorables a una cultura de consumo compulsivo, condicionan, en la mayoría de los casos, a que los padres o tutores se vean forzados a incurrir en prácticas consumistas.
Saber decir ¡No! y hacerlo en el momento oportuno es, definitivamente, un arte. Un arte que muy pocos dominan.
Lo anterior es válido en todos los ámbitos.

No sorprende entonces, que, persuadidos por los expertos en que tienen como aliados a los medios masivos de comunicación social que le siguen el juego, grandes y chicos de todas las culturas queden presos en la gran ola del consumismo del insondable mar que es el mercado, donde abundan las pirañas y en el que, en verdad, “el pez grande se come al chico” y “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.
En otras palabras, hay unos pocos que tienen la sartén por el mango o están en la cresta de la ola. El resto es como una gran manada que corre en estampida, pero contenta, al matadero.

Entrevistamos al sociólogo Roberto Antonio Pinnock, en el deseo de conocer cómo funciona la mente del individuo cuando se deja persuadir por la presión de grupo o las tendencias.
También consultamos al experto en la interpretación de la “psiquis colectiva” porque no queremos ser cómplices en este juegavivo, en el que abunda la venta de utopías, el querer parecer lo que no se es, y se hace presa de incautos y personas que pecan a veces de carácter endeble porque caminan por la vida en una eterna búsqueda de aceptación.

Pero ¿por qué caen unas personas en las aguas pantanosas de las compras compulsivas y otras no?
Estas ideas que llevan al consumo compulsivo y en cuya base está el “tener cosas” como medida del éxito personal, vienen siendo promovidas por la maquinaria publicitaria que sostiene este sistema. Así, a menos que se esté vacunado por experiencias personales, o por formación de principios y valores que no están basados en el “tener cosas” como medida del éxito personal, el comportamiento esperado es el del consumo compulsivo.
Es así que, para vencer la tentación, debe fomentarse el análisis racional de las compras, por ejemplo, preguntarse si lo que se desea adquirir es más urgente que otros artículos, servicios o bienes requeridos por la persona individual y personas con las que convive necesita.