Compartir, cooperar, ser solidarios, ser tolerantes, son hábitos, son valores, son cultura; como cultura es también demostrar empatía a tal punto que el dolor ajeno y el hambre “del otro” te importe.
Sin lugar a dudas este año que concluye hoy ha sido uno lleno de grandes pruebas. En base a lo acontecido en el plano personal, colectivo y derivado de nuestra actuación para con Dios, el hábitat y nuestros congéneres cada uno y todo hemos cosechado frutos: dulces y amargos.
Actuar como los seres inteligentes, gregarios, sensibles que se supone somos los Homo sapiens es menester.
Es hora de demostrar que estamos conscientes de que no somos islas en este mundo heterogéneo, en donde estamos llamados a festejar la diversidad, a fomentar la inclusión, a velar por el bienestar común y esto se aprende en la casa (léase hogar), en la escuela , en la comunidad, a través de los medios y mediante el ejemplo de autoridades, padres, representantes de la Iglesia.