Variedades

Hay esperanza en el mar


Los mares del planeta Tierra -el acuoso seno materno del que surgió todo lo vivo- ceden muy lentamente sus secretos. Desde siempre nos ha hechizado la belleza del océano (prueba de ello es este libro), nos ha asombrado su poder, nos ha fascinado lo que yace en sus abismos insondables, tan cercanos al núcleo primordial del planeta. Las profundidades del océano, que en otros tiempos nos parecieron tan inalcanzables como el espacio exterior, siguen entrañando misterios que eluden nuestra más avanzada tecnología. De las fisuras del fondo oceánico brotan "nuevas" formas de vida y se descubren en los arrecifes coralinos singulares sustancias químicas de enorme potencial médico.
Aunque los mares se nos antojan eternos, sabemos que no son indestructibles. Pese a que nuestra propia existencia depende del océano global, abusamos de él con gran displicencia, arrojando continuamente en su interior millones de litros de petróleo y sus derivados, montañas de basura, desechos médicos, residuos nucleares, y lo envenenamos directa o indirectamente con sustancias tóxicas. La vastedad del océano nos ha hecho creer ilusamente que éste posee una capacidad infinita para absorber los despojos y detritos de la actividad humana. No la tiene.
En realidad, algunos de nuestros mares y la vida que de ellos depende se están muriendo. El Mar Negro está tan contaminado que ha ido transformándose rápidamente en una tumba de agua cada vez más inadecuada para la vida acuática, alguna industria pesquera e incluso para las actividades recreativas. Si no se detienen los abusos ambientales acabará por convertirse en otro "Mar Muerto".
Muchas de las iniciativas encaminadas a salvar nuestros océanos son paralelas a los esfuerzos de la National Wildlife Federation por impedir la contaminación del agua, mandamiento mayor. Entre los ejemplos está nuestra lucha por impedir que los efluentes tóxicos procedentes de las minas a cielo abierto sigan contaminando recursos hídricos vitales para la gente y otras formas de vida silvestre. También lanzamos el ambicioso programa "salvemos nuestras cuencas", encaminado al control de focos de contaminación "invisibles", como el escurrimiento superficial de nutrientes y las sustancias tóxicas atmosféricas que ponen en peligro las aguas del interior y las costas.
Tal como nos lo recuerda este hermoso libro, no debemos permitir que desechos venenosos y abusos como la sobrepesca- "la minería a cielo abierto" de los mares - despojen y desequilibren el ecosistema más vasto del mundo, fuente misma de la vida. Por el contrario, cerremos filas a fin de garantizar que el océano global siga siendo un hábitat sustentable para la vida marina, así como una fuente de subsistencia, admiración y belleza para las generaciones humanas venideras.


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4781
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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