La semana pasada, en una de esas visitas relámpago que suelo hacer a la capital, fui gratamente sorprendido por una llamada telefónica de parte de mi amiga Ana Casís, invitándome al agasajo que se le ofrecía a nuestra común amiga Carmen Miró con ocasión de cumplir sus ochenta años.
Sin pensarlo siquiera, acepté y pospuse mi partida para Sorá. Que descanse la hamaca un día más", fue mi resolución.
El agasajo se llevó a cabo e el Hotel El Panamá por supuesto que como buen interiorano y pensionado que soy, me costó trabajo llegar, pues desconocía la entrada y mucho menos el salón subterráneo donde se celebraba el acto, tal es el cambio que ha sufrido ese bello hotel. Mi primera impresión fue la puntualidad, ya que el local estaba prácticamente lleno cuando llegué. Sonreí pues estaba seguro que esa puntualidad tan "panameña" era porque los asistentes estaban seguros que de no ser así, tendríamos que soportar una reprimenda sarcástica de la homenajeada. En efecto, Carmen llegó a las siete y veintinueve, un minuto antes de la hora requerida. No quiero dar cifras de asistencia, pero el local alquilado estaba colmado. Lo más sorprendente para mí fue el hecho de que casi todos los asistentes habían sido compañeros de trabajo de Carmen en diversas épocas de su exitosa carrera como demógrafa, estadística y economista. Pero lo más sorprendente para mí fue encontrarme con por lo menos veinte compañeros de trabajo de hace casi cincuenta años de la Dirección de Estadística y Censo de la Contraloría, oficina que ella creó con el respaldo absoluto del entonces Contralor, Don Henrique Obarrio. La misma oficina a al cual le correspondió llevar a cabo el Primer Censo Latinoamericano de Población, Vivienda y Agropecuario bajo la conducción de Carmen. Nuestro Censo fue ponderado por diversos organismos internacionales y fue tomado como ejemplo para lo cual algunos países latinoamericanos mandaron observadores a la Oficina del Censo. En esa Oficina, jefes y subalternos se confundían y todos teníamos, desde hacer mecanografía hasta ir al campo a dictar enseñanzas sobre el Censo. No había hora de salida, pero sí de entrada y los jefes no ganábamos tiempo extra, aunque para las finales, la hora de salida era por lo regular las primeras horas de la mañana. Nadie se quejaba ni se corría y hacíamos el trabajo con voluntad, porque éramos guiados por un jefe que trabajaba más que nosotros. Por eso, al encontrarme nuevamente con los sobrevivientes de ese grupo de trabajo sentí una alegría indescriptible, más cuando podía percibir que el cariño era de todos para todos.
No pude evitar "volarme" hablando de mi experiencia censal, pero creo que además de la emoción que me causó ver a mis antiguos compañeros, creo que el puesto de Directora de Estadística y Censo fue lo que la catapultó a obtener tantos honores nacionales e internacionales, que fueron debidamente evaluados por los que hicieron la presentación de Carmen en el agasajo; honores que han pasado desapercibidos para los panameños debido a la modestia de Carmen. Imagínense, fue Directora del Centro Demográfico Latinoamericano de las Naciones Unidas, el cual organizó desde Santiago de Chile y a cuyo frente estuvo durante dieciocho años. Ha organizado centros de estudios demográficos en México y en Panamá y sirvió de asesora de diversos países entre los que puedo recordar Sri Lanka y China Continental. Hoy, a los ochenta años se mantiene activa dictando conferencias, asistiendo a simposiums, escribiendo, etc. ¡Una vida plena! ¡Que Dios nos la conserve!
En cuanto a mí personalmente se refiere, ahora vengo a realizar que cuando yo ingresé a trabajar con ella, sólo me llevaba cinco años de edad y en ese entonces parecía que eran veinte, tal era su responsabilidad y carácter. Con 22 años a cuestas a mí me gustaba la parranda, que significaba bailar y beber a veces más de lo debido. Antes de saber de saber de la ira de Carmen, era necesario llegar a las siete de la mañana a trabajar. Después de unas cuatro horas de martirio sufrido por la "goma", ella misma me excusaba pidiéndome que fuera a casa y me tomara un laxante para reponerme de la empanada que me había comido y que me había caído mal. Esa era Carmen; me impregnó responsabilidad y amor al trabajo, virtudes que siempre me han acompañado. Gracias Carmen y tal cual los manifestastes en el agasajo, ojalá Dios nos dé vida para recibir el Canal.