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Por generaciones y para infundir respeto a los niños hacia las celebraciones de la Semana Mayor los adultos los asustan diciéndoles que si se trepan a un árbol se volverán monos o iguanas y si se bañan en el río o la playa, se convertirán en peces.
Un psicólogo y una religiosa orientan sobre la materia.
Fabio Bethancourt no aprueba que se le mienta al niño.
Explica que el niño cree fácilmente lo que le dice un adulto. Al principio tendrá temor de hacer lo que le prohiben, pero pronto verá que hay otros que lo hacen y no les sucede nada.
No está de acuerdo “con el engaño que tiende a promover esas creencias y supersticiones que confunden al niño”.
Aconseja “valorar la historia de la Semana Santa y la verdad.”
Recalca que “vivimos en un mundo donde se trata de promover los valores morales y éticos de la honestidad y la justicia. No es recomendable alimentar falsas creencias”.
La hermana Angelina, de la Comunidad Siervas de María, sugiere enseñarles el significado del sacrificio de Jesús y sus lecciones. Especialmente el amor: a Dios sobre todas las cosas y al prójimo.
“Hay que ver el significado de la fiesta. Donación por amor. Cómo en la vida uno da la vida por otro. Cómo la madre o el padre cuida a su niño es una forma de dar la vida. Cómo el hijo se preocupa por colaborar en la casa, por estudiar, por ser obediente, agradecido por el esfuerzo de sus padres ”, dijo.
Considera que en palabras que ellos entiendan se les puede explicar que esa fue una donación que Jesús hizo por sí mismo, por el bien de la humanidad. Porque no tenía doble moral y predicó con el ejemplo.
Es que Jesús es perfecto. Como Dios, su Padre. Odia la mentira, por eso, añade la hermana, “Jesús no podía echarse para atrás después de lo que había dicho. Hablaba de cosas que no cayeron bien”, a los fariseos, los estribas y los gobernantes.
No podía y no quería dejar de hacer la voluntad de su Padre, porque cada palabra que Jesús dijo la pronunció desde lo más profundo de su corazón. Con convicción. Porque tenía una misión y lo sabía. Y quería agradar a Dios, como debemos procurar hacerlo todos los cristianos. De eso depende la vida eterna.
Entonces, agrega la religiosa, como se dice, “para acallar el mensaje se mata al emisario. Fue lo que sucedió”.
Los padres deben enseñar a los niños con el ejemplo, como Jesús, quien fue fiel a su palabra. Lo importante es reflexionar sobre los hechos que dieron origen a la Semana Santa y tratar de llevar una vida donde los valores prevalezcan.
Ella opina que más que decir al niño qué no hacer, se le debe decir que es importante amar en todas sus dimensiones y que ame en cosas prácticas: tratando de conservar lo que tenemos en la naturaleza, no tirando basura, no rayando, no malgastando el agua, respetando a los animales. Haciendo buen uso de las cosas. Respetándose a sí mismo, su cuerpo, cuidándose, nutriéndose de cosas buenas para el cuerpo, la mente y el corazón, creciendo espiritualmente.