Ileana Gólcher defiende el derecho de los panameños a una escuela para pensar, no solamente para repetir, para copiar o para pasar el examen.
No se admiten “convidados de piedra”. Está convencida de que se puede caminar en esa dirección con el concurso de un sinnúmero de protagonistas entre los cuales el educador, el padre de familia y los medios de comunicación son de importancia crucial.
Por eso, invita a todo el que le importa un Panamá mejor a apostar por la educación y ella continúa haciendo su aporte a través de talleres, consultorías y en variados escenarios y proyectos.
De una de esas iniciativas nos habló hace unos días.
Para el 11 de agosto está agendada su próxima capacitación. Se trata de un taller sobre creatividad donde cada uno descubrirá talentos desconocidos y aprenderá a usar la imaginación para crear material didáctico (en el caso de los docentes) o artículos que le sean útiles, con objetos reciclados o recursos que hay en el ambiente y que de otra forma serían descartados e irían a parar al tinaco si no es que entran a formar parte de la montaña de cosas que la gente engaveta o guarda en el armario.
“Tenemos que creer en nosotros mismos”, dice y se siente feliz de poder ayudar a elevar la autoestima de las personas que participan en sus capacitaciones y se dan cuenta de que tienen potencial que están subutilizando.
Con ella colaboran un experto en origami (Alejandro Carrasquilla) y la Prof. Gabriela Rosas (con títeres) y van haciendo que la gente desarrolle.
Nos mostró también títeres de dedo hechos por las peruanas y otros que adquirió en Barcelona, teatriños que compró en Argentina. Trabaja con música, juegos de valores y fascículos sobre grandes personajes publicados por Panamá América y que ella coleccionó, para que sirvan de referencia, porque triunfar no es fácil y personajes ilustres como Picasso, Einstein y otros se empinaron por encima de sus circunstancias.
Nos mostró trabajos hechos por personas que han participado en sus talleres, como un nacimiento con cascarones de huevo. También están los que usan corteza de árboles para hacer tarjetas de Navidad.
Ella se esfuerza por motivar a los participantes a salirse del círculo vicioso de quedarse estancados mientras ven pasar de largo las oportunidades por miedo a atreverse a ser emprendedores.
“Somos sujetos de creación, hay que dejar de estar lamentándose y lamiéndose las heridas y empezar a descubrir todo lo que cada uno es capaz de hacer con ese potencial dormido”, plantea.