Si los adultos fuésemos como niños seríamos más felices, afirma Marina Peña, psicopedagoga costarricense.
Los niños, explica, ante todo, no usan máscaras, son sinceros en sus actuaciones, se atreven a enfrentar los desafíos y los enfrentan con entusiasmo, con alegría y sin prejuicios.
"Si usted ve a un niño temeroso seguramente hay un adulto atrás o una experiencia que le afectó y el adulto o ha sabido cómo ayudarle a superar", planteó.
Ser como un niño significa tener confianza en sí mismo, ser optimista, intentarlo una y otra vez, no temer el fracaso, no vivir en función de los demás; también, ser uno mismo, ser más sensible y por lo tanto, más humanos.