En contra de lo que se pensaba hasta ahora, el tartamudeo podría estar relacionado con diferencias anatómicas en el cerebro, según un estudio neurológico realizado en la Universidad Tulane de Nueva Orleáns. Las pruebas que han realizado indican que los adultos que sufren de modo persistente el tartamudeo presentan irregularidades en la forma del lóbulo frontal derecho e izquierdo, la zona del cerebro implicada en el control del lenguaje y la palabra.
Para comprobarlo, los científicos han utilizado un sistema que obtiene imágenes de resonancia magnética (MRI según sus iniciales en inglés) del cerebro. Esta investigación, cuyos resultados aparecieron en el número de ayer martes, de la revista Neurology, ha sido dirigida por Anne Foundas, de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleáns, Luisiana.
El tartamudeo es un defecto que entorpece el ritmo y la fluidez del habla y se caracteriza por la repetición involuntaria de sílabas y sonidos y el bloqueo o la prolongación de sílabas y palabras. Los manuales médicos indican que los tartamudos no muestran ningún defecto orgánico y atribuyen su aparición a una predisposición neurológica o a factores del entorno, como puede ser una excesiva presión sobre los niños durante el aprendizaje.
El estudio de Anne Foundas proporciona la primera prueba de que "anomalías anatómicas dentro de las áreas del cerebro que controlan el habla y el lenguaje suponen un riesgo para una persona en el desarrollo del tartamudeo".
En sus pruebas con resonancia magnética, los investigadores han estudiado el cerebro de 16 pacientes y de otras 16 personas, elegidas como grupo de control, que no presentan indicios de tartamudeo persistente, también denominado PDS por sus iniciales en inglés.
"Los lóbulos temporal derecho e izquierdo se han encontrado significativamente mayores en adultos con PDS", según la neuróloga Anne Foundas. Foundas indica además que las irregularidades en la forma del cerebro son más prevalentes entre pacientes con PDS que en el grupo de control que se ha utilizado en el estudio.
Es oportuno señalar que, entre los 16 pacientes cuyos cerebros se han investigado mediante resonancia magnética, 12 son diestros (nueve hombres y tres mujeres), y cuatro zurdos (hombres), las mismas proporciones que se han observado en los estudios de población.
Además de comprobar la existencia de diferencias anatómicas, el estudio pretendía también demostrar si existe alguna relación entre el tartamudeo y la condición de diestro o de zurdo. "Nuestros hallazgos sugieren que el sexo y la mano con la que se escribe parecen estar relacionadas con algunas características físicas", ha señalado Foundas.
La investigadora afirma que el área denominada Pars Triangularis, una porción adyacente al lóbulo frontal, es significativamente mayor en los zurdos que en los diestros. El Pars Triangularis y otra zona del cerebro conocida como Pars Opercularis son mayores en el hombre que en la mujer, ha indicado también la especialista en neurología.
Según estudios anteriores, el tartamudeo se atribuía, en ocasiones, a una excesiva presión de los padres hacia los hijos en la etapa del aprendizaje, en especial cuando los progenitores reaccionan con ansiedad ante las pausas normales y la repetición.
Los igbo, un pueblo del oeste africano en el que se priman las habilidades de expresarse en público mediante premios, presenta unos índices de tartamudeo hasta tres veces superiores a las consideradas normales.
En tiempos de los romanos, el tartamudeo se atribuía a una posesión diabólica y se practicaban exorcismos. En la edad media se torturaba la lengua, a la que se culpaba del problema, con hierros calientes y especias. El estudio de Anne Foundas no indica si las diferencias observadas en el cerebro de los 16 pacientes estudiados son una causa o una consecuencia del tartamudeo, ni cual es la razón que provoca esas diferencias.