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Hemingway disfrutaba hacer safaris

Graves heridas del segundo safari causaron su declive físico y psicológico. El autor se suicidó el 2 de julio de 1961.


Nairobi / EFE

Pese a sufrir enfermedades tropicales y un par de accidentes de avión, Ernest Hemingway disfrutó tanto de sus dos safaris en el continente africano, que dejó escrito: “Nunca conocí una mañana en África en la que no me despertase feliz”.

Tras resultar herido en la I Guerra Mundial (1914-1918), casarse dos veces (primero con Hadley Richardson, y luego con Pauline Pfeiffer), vivir en París y sucumbir al encanto de España y el toreo, Hemingway tenía 34 años y sed, mucha sed de nuevas aventuras.

El escritor estadounidense, que en aquella época ya brillaba como una estrella internacional emergente en el firmamento literario, sintió entonces la llamada de África y su naturaleza salvaje, que a la postre inspiraron algunas de sus obras más famosas.

El novelista dio rienda suelta a sus emociones y, acompañado de su segunda esposa, Pauline, tomó un barco el 22 de noviembre de 1933 en Marsella (Francia) con rumbo a la ciudad costera de Mombasa (Kenia), adonde arribó diecisiete días después. Fue el comienzo de un safari -del que se cumplen ochenta años- que duró unas diez semanas y zambulló al autor en la sabana de Kenia y Tanganica, donde sació su pasión por la caza.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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