Cada vez más conectados, pero cada vez más solos y alejados del cuerpo, las emociones y las escenas cotidianas reales. La patología crece y ya tiene hasta un nombre: “crackberry”.
La hiperconectividad está dando pésimos resultados en la vida personal de las personas. Puede ser que la productividad laboral haya aumentado y que nuestro desempeño profesional esté alcanzando picos sin antecedentes.

Hay que hacer un alto.
Pero hasta en el mundo del trabajo las consecuencias se harán sentir y los pronósticos son malos: este nivel de conexión permanente no puede sostenerse en el tiempo y deteriorará nuestro "performance" en todos los niveles. Vínculos en crisis, estrés, agotamiento, aislamiento, agobio, malestar, enfermedad... Es necesario parar para poder estar mejor y hacer las cosas mejor, en todos los planos.
El Blackberry o el iPhone son joyitas tecnológicas que combinan las utilidades de un teléfono celular con la capacidad de enviar “mails” y leer documentos de Word, Excel y hasta Power Point, además es ideal para leer noticias, participar en redes sociales o compartir calendarios. En manos de ejecutivos o de personas superansiosas, puede convertirse en una refinada herramienta de adicción al trabajo, cuando no una buena excusa para postergar y olvidar la vida personal.
Motivo de estudio.
Es así que el asunto fue considerado digno de atención por los investigadores de la Sloan School of Business del MIT, los mayores expertos mundiales en nuevas tecnologías, quienes concluyeron que el Blackberry se convirtió en una auténtica cadena virtual que terminó borrando cualquier límite entre la vida personal y la laboral.