Nunca como cuando se vive en casa propia, porque, vivir alquilando genera en numerosas ocasiones dolores de cabeza tanto al que alquila como al inquilino: que si los vecinos son ruidosos, que si le utilizan el estacionamiento ajeno sin consultar y a todo esto quieren que la persona afectada esté feliz, que hay goteras o los insensatos se colocan a consumir droga bajo la ventana del/la más ingenua o menos quejumbroso/a, o, tal vez, hay quien tiene una mascota que deja constancia de su presencia por doquier.
Lo anterior por un lado, por otro, si comparte habitación con alguien resulta que a lo mejor a la hora de compartir obligaciones le aplica la ley del embudo. O, a lo mejor en lo que a higiene respecta no es exactamente la persona que usted recomendaría para jefa de aseo. Y, qué decir de que se come lo que usted compra, o mete a su pareja en la habitación y usted, como está de tercio tiene que pasar la noche en vela en cualquier otra parte.
Vaya, y, si nos vamos a otras áreas de la relación de inquilinato, falta ver si los dueños de la casa o apartamento son serios en cuanto al mantenimiento de la propiedad. Y, hablando de este tema, quejas abundan de que hay inquilinos a los que nadie les gana por el vandalismo: lo que no se llevan, lo destruyen. Y, no hay que olvidarse de los mala pagas. El caso es que, como se dijo al principio, "de todas maneras la calavera es ñata".
Angélica Valderrama, quien alquiló durante dos años una habitación de su casa a una muchacha, dice que no confrontó mayor problema con ella. Esta tenía su estufa dentro de su cuarto y se turnaban para limpiar el baño y la cocina.
Miguel Sam por lo pronto no tiene quejas, pero, es que, como diría un adulto mayor, Miguel "para curarse en salud", lo que hace y recomienda puesto que le ha funcionado es: "Conviva con gente que conoce o de la que tiene buenas referencias".
Bueno, hay un señor, Giovani Buglione, quien prefiere alquilarle a extranjeros, porque la experiencia le ha demostrado que "el panameño es mala paga. Cuando va a pagar solamente abona y cuando está alquilando como no paga el agua abre la llave y malgasta sin consideración. Otros traen hasta familiares para que laven en la casa. Ve que la pluma del fregador o del baño tiene una gota y no le interesa. No cuidan los cuartos. Como no son de ellos, los rayan, dañan el repello, golpean los pisos. Y, si son mujeres tapan las cañerías porque no son cuidadosas para evitar que el cabello caiga por éstas cuando se lo lavan". Con los extranjeros le ha ido muy bien y lo atribuye a que: "como no tienen otro lugar, un hogar a donde ir, no conocen mucha gente en Panamá, se esmeran por quedar bien". Ha tenido inquilinos indostanes, dominicanos y colombianos.
"Es asunto de suerte. Yo así como he tenido gente mala paga, bullera y conflictiva, he podido conocer personas que son respetuosas y cuidadosas de la propiedad ajena, responsables a la hora de pagar y buenos vecinos", expresó el Sr. Patricio Barahona.
Joseph González, un joven universitario que vive con su hermana, también estudiante, en un apartamento de los padres de ambos, que residen en Chiriquí, aunque por lo general le alquilan cuartos a estudiantes del sexo femenino, preferiría que fuera a varones, porque: "las muchachas hablan mucho por teléfono. Se pegan al teléfono hasta tarde".
Así como ellos han vivido experiencias de diversa índole, están Jessica López, Carlos Eduardo González, Manuel Alberto Moreno, María Angela Rodríguez, Virginia Góndola y otras personas, entre dueños/as de casas y apartamentos y gente que ha alquilado cuando estudiaba o toda su vida han pagado alquiler, quienes añaden a lo expuesto que aspectos como el ruido, la limpieza y las buenas relaciones con los vecinos son de importancia sustancial para que haya una convivencia pacífica, así como la cooperación a la hora de pagar las cuotas de mantenimiento y procurar dejar verjas cerradas, evitar que niños/as o mascotas causen problemas en el vecindario y a la hora de que alguien está en necesidad mostrar disposición para ayudar.
Que no le quede la fama de malapaga, vidajena, tracalero/a, buscapleitos, bullangero/a ni nada por el estilo. De hecho la convivencia hasta con la familia puede ser agradable o desagradable según el mucho o poco esfuerzo que ponga cada individuo en hacerle placentera la vida a los demás, así que, no es asunto de que porque se viva con gente a la que no les una ningún lazo biológico va a hacer de la convivencia un trago amargo, sino a tender puentes de comunicación para ganar amigos/as, buena fama y respeto. Simple, fácil y posible ¿no?