En síntesis
- El accidente de esquí en la localidad austríaca de Lech, un fatídico 17 febrero de 2012, hizo que Friso volviese a perder su relativo anonimato. A pesar de que el príncipe conocía desde niño la zona, no calculó el peligro de esquiar en una zona lateral a las pistas. El peso de una avalancha que lo sepultó durante casi media hora lo dejó en coma.
Fue muy querido por los holandeses. Un hombre sencillo, amable, que lo dio todo por amor. Fue un excelente padre.
Tras conocerse el fallecimiento de Friso de Holanda, diversas personas del pueblo se acercaron a las puertas del palacio de Huis ten Bosch, donde murió el príncipe, para dejarle el mensaje del pésame a la familia real, así como para llevar flores coloridas.

Según los médicos, la causa de su deceso fue por “complicaciones a consecuencia del daño cerebral que sufrió en 2012, año en el que tuvo un trágico accidente de esquí, el cual llevó a este hombre, quien había cumplido 44 años de edad, a un profundo coma.
Amante de la literatura

Ese carácter discreto y el interés por la técnica se desarrollaron con los años. Exento del servicio militar por asma, Friso pudo dedicarse, tras la secundaria, a lo que le gustaba: los libros.
Consciente de que la formación de un rey requiere más que estudios técnicos, combinó los preceptivos cursos de derecho e historia con las temáticas que le interesaban: la aeronáutica e la ingeniería mecánica.

Demostrando tesón en el estudio y una gran capacidad intelectual, cursó esas carreras en las universidades de Delft (Holanda) y Berkeley (California). Las acabó entre 1986 y el año 1994 y las completó casi simultáneamente con una formación en economía empresarial, título que consiguió en 1995.
Igual de rica y variada fue su carrera profesional, que empezó en la consultora McKinsey, pasando por el departamento de inversiones del banco Goldman Sachs Internacional en Londres, la codirección del departamento espacial del instituto de investigación TNO Espacio, el campo de las energías renovables y su último empleo como director financiero, en Londres, de la empresa URENCO, dedicada al enriquecimiento del uranio.

Amante del anonimato, pasó al primer plano sin pretenderlo. Primero cuando en 2001 se vio obligado a desmentir rumores sobre su supuesta homosexualidad, alimentados por el desconocimiento de las novias del príncipe. Luego, cuando antepuso el amor a sus derechos dinásticos para casarse en 2004 con Mabel Wisse Smit.