RATITUD hay que derrochar por doquier, por los dones y bendiciones recibidas y por aquellas por venir. La vida, la salud, la familia, las comodidades, el empleo. Hay tanto por qué dar gracias.
Hoy, como siempre, es buen momento para sembrar los valores de la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la empatía en nuestros hijos. Mientras más pequeño el niño aprende valores que son modelados por los adultos que le rodean tanto mejor. Es necesario que entienda desde temprana edad que el mundo no gira en torno suyo, que cada individuo es especial, que en la medida en que haya respeto a la integridad y derechos humanos es posible vivir en armonía y sin disparidad social.
Compartir siempre es posible, hasta para el que pareciera que no tiene nada que dar a su hermano: una voz de aliento, una palmada, una sonrisa, un silencio oportuno y solidario, el regalo de la compañía.
Ahora bien, como somos diferentes, nuestra valoración de las cosas y nuestra interpretación de las acciones de los demás varían. Así vemos que, por ejemplo, en Navidad u otra ocasión especial en que se quiere halagar a algún ser querido, amigo o alguien que se aprecia, hay gente que se esmera por comprar lo más caro, productos de marca y sin embargo el que recibe no queda contento y comienza la cambiadera en almacenes. Gran error de ambos, porque, déjenme decirles, ante todo, que lo importante no es el precio del obsequio, sino la intención tras la acción, el gesto. Por otro lado, hay que ponerse en el lugar de aquél a quien se le va a regalar, porque si no es como si estuviese comprándose el regalo para usted.
Es gratificante y sencillo enseñar a los niños a compartir. La psicóloga Lyzeica Villamil explica que es a través del juego y del ejemplo como ellos aprenden a ser generosos. Si son varios hermanos, en vez de comprarle a cada uno un regalo, compre juguetes con los que puedan jugar todos. En vez de comprarle dos chocolates, que compartan uno. Pero, si ellos ven que usted es apegado a lo material tampoco ellos van a querer desprenderse de las cosas.
Ella recomienda conversar con los niños y hacerles que piensen cómo se sienten cuando anhelan algo y no lo tienen, cuando ven a otros niños tristes, sin juguetes, sin alimentos, con su ropita rota, sin zapatos. También, pregúnteles si desean regalar algo y déjelos que ellos decidan qué desean dar (asegúrese de que sean artículos en buen estado si se trata de cosas materiales), pues un niño podría decirle que quiere ir a leerle un cuento a un enfermito en el hospital o que no quiere regalar nada, pero que está dispuesto a ir a jugar con sus juguetes con un niño en el parque. Pregúnteles por qué escogieron eso y no otra cosa (pueden ser razones sentimentales y no egoísmo).
No les imponga. No es lo mismo hacer algo por convicción y voluntad propia que por imposición. Después de todo, explica la psicóloga, hay que aceptar que ellos decir también tienen derecho a decir: ¡No!
Para tratar de sensibilizarlos, pregúnteles cómo se sienten cuando reciben un regalo y cuando no reciben nada o cuando otras personas le dan sólo sobras o lo que no quieren o algo en mal estado. Dígales que algo parecido deben sentir los demás.
A la vez que les enseña a compartir, buenos sentimientos, empatía y gratitud, les habla sobre los esfuerzos que hacen los padres para llevar el sustento y tantas comodidades como sea posible para toda la familia.
Finalmente, tenga presente que el niño que desde la cuna aprende a compartir tiene relaciones sociales más efectivas.
Hoy es un día para sembrar amor
Hortelanos somos y según lo que sembremos cosecharemos. La vida te devuelve multiplicado lo que tú das. Es una ley inalterable. Hay tantos que la pasan por alto.