El Panamá América
Con el propósito de lograr una integración con otros países de la región, la Asociación Cultural AlterArte trae por primera vez a Panamá a la agrupación Teatro Quetzal de Costa Rica con la obra "La Historia de Ixquic", la cual se presentará a partir de hoy hasta el sábado 31 de julio en el Teatro Anita Villalaz a las 8:00 p.m.
Este montaje, que es el primer evento internacional que realiza la referida asociación como parte de la Red de Promotores Culturales de Latinoamérica y el Caribe, cuenta con los auspicios del Instituto Nacional de Cultura (INAC) y la Embajada de Costa Rica en nuestro país.
"La Historia de Ixquic" es un montaje unipersonal interpretado por el actor y músico argentino-costarricense Rubén Pagura y dirigido por Juan Fernando Cerdas, uno de los directores más importantes de Centroamérica y quien cuenta con una maestría en teatro por la Universidad de Nueva York.
La pieza teatral está basada en uno de los relatos del libro sagrado de la tribu Maya-Quiché conocido como el Popol Vuh y cuenta una historia que se desarrolla hace muchísimos, cuando el Sol y la Luna no brillaban, en un señorío en el antiguo mundo llamado Xibalbá, que le decían "El Mundo de las Tinieblas", porque allí habitaban los causantes de todos los males que padecían los hombres.
La historia comienza cuando la joven Ixquic, hija del Señor Cuchumaquic, Señor de Xibalbá, resulta preñada de un campesino ejecutado por su padre. Cuando el rey descubre la preñez de su hija la condena a muerte.
Teniendo que huir de los guerreros que la persiguen, es acogida por su suegra, la abuela Ixmucané, en cuya casa nacen sus dos hijos, los gemelos Hunapú e Ixbalanque, quienes se convierten en héroes que realizan grandes proezas y derrotan finalmente a los Señores de la Muerte, trayendo luz, paz y armonía a la Tierra.
Concluida su misión, los héroes ascienden a reunirse con el Corazón del Cielo. Uno se convierte en el Sol y el otro en la Luna, con ellos se reúne Ixquic que será el lucero.
"La historia de Ixquic" es un trabajo conectado con las antiguas tradiciones del mimo y el juglar, así como con las nuevas tendencias que revalorizan estas tradiciones. Aquí el actor representa cerca de veinte personajes a través de sus acciones y reacciones.
En este caso se ha buscado la síntesis expresiva representando algunos personajes con posiciones corporales que evocan los códices mayas, además de máscaras corporales que tipifican los caracteres y otros, con el gesto fugaz de una mano o una mirada.
"El espectáculo se articula entorno a contrastes y oposiciones. La música es incorporada como función narrativa, no solamente como ilustración o ambientación. A veces, un instrumento representa un personaje, y otras veces es una extensión de sus actitudes o sentimientos. Juntas, la música y la acción escénica crean los espacios y el paso del tiempo", se destaca en una hoja técnica sobre esta obra.
El actor Rubén Pagura, a su visita a las instalaciones de Editora Panamá América, señaló que este montaje se creó a partir de una extensa investigación de unos dos años, que realizó con un grupo de indígenas mayas residentes en ese momento en Costa Rica y quienes retornaron a Guatemala.
Afirmó que es una historia que rescató el colectivo (integrado por él y su director Cerdas) no solamente con el ánimo de aflorar lo histórico-mitólogico, sino también por la vigencia que posee actualmente.
En ese sentido, sustentó que la obra es un llamado a defender la vida, aludiendo que en el momento en que la estrenaron en 1990, en Guatemala había represión y muerte. "Ixquic de alguna manera era un símbolo y sigue siendo un símbolo para América Latina y el mundo por la defensa de la vida", sustentó.
La repercusión que ha tenido este espectáculo ha sido tremenda que ha estado presente en festivales teatrales más exigentes tanto de América como de Europa, entre ellos: el Iberoamericano de Cadiz-España, el experimental de El Cairo-Egipto: el de los Tres Continentes de las Islas Canarias, el Iberoamericano de Buenos Aires, el Internacional de Manizales, el de La Habana, el de Caracas y el de Florida, por sólo mencionar algunos. Además, de recibir elogios por parte de la crítica y nominaciones como mejor espectáculo extranjero como lo fue por la filial del Instituto Internacional de Teatro en Buenos Aires, Argentina, el año pasado.
Desde hace 10 años en que comenzó el Teatro Quetzal, Paguras asegura que el trabajo de la agrupación se apoya básicamente en el actor, de tal manera que utilizan la menor cantidad de elementos posibles.
En el caso de Ixquic, explicó el entrevistado, cuentan con instrumentos musicales, recursos de mimo, danzas, actuación y narración oral. "Tratamos de aprovechar al máximo los recursos expresivos del actor con un mínimo de elementos externos, para que participe activamente el espectador", indicó al tiempo que aclaró que no es la técnica que se inventó en los años 70 con el teatro participativo, sino que consiste en apelar a la imaginación creativa del espectador.
Para eso, argumentó, desarrollan un trabajo de investigación y experimentación, que requiere de algunos años para ir desarrollando esa técnica particular denominada unipersonal.
Afirmó que desde sus inicios el Teatro Quetzal tiene como objetivo resaltar el sentir latinoamericano y provocar una reflexión crítica de actualidad.
El Teatro Quetzal ha desarrollado otros montajes como los son "Memorias del Ombligo del Mundo" (basada en la Isla de Pascua), "El Viaje en Paracaídas" (con poemas latinoamericanos) , "El Viejo y el Mar" (basada en la novela de Ernest Hemingway) y "Culopatía" (una farsa política).
En esta ocasión, el público panameño podrá observar su primer montaje "La Historia de Ixquic", la cual ha recorrido medio mundo y con la interpretación de un actor con más de 30 años de experiencias en el ambiente artístico.