Variedades

¡Hurra por los niños!


Hoy, que en Panamá se celebra el “Día del Niño”, en el Centenario de la República, cuando ésta viste sus mejores galas, volvamos la vista hacia los niños, quienes en medio de las tribulaciones son como gotas de rocío que refrescan el caminar por los parajes de la vida.
Despertemos al niño o niña que llevamos dentro y aprendamos de ellos. Reflexionemos acerca del mundo que le estamos heredando y recordemos que Dios nos pedirá cuentas sobre cómo les hemos tratado.
Pero, después de todo, ¿qué nos viene a la mente cuando pensamos en los niños?
Ser niño es mirar la vida con entusiasmo y energía desbordante.
Es abrazar cada experiencia con el calor de quien da la bienvenida a un amigo muy querido.
Es ser un aventurero permanente que explora en busca de nuevas sensaciones y quiere arrancar a cada objeto, suceso, persona o animal las respuestas a mil y un por qué que se apretujan en su cabecita y quieren brotar de sus labios al unísono.
Es ser psicólogo por naturaleza y tener la habilidad para desenmascarar la mentira y saber que muchas veces el "sí" y el "no" del adulto son monosílabos huecos empleados sólo para salir del paso.
Es pecar de ingenuo, en un mundo en donde es más difícil sobrevivir en la selva de cemento, en la "civilización", donde la racionalización pesa más que la razón, la justicia y la paz.
Es tener la perseverancia de la araña para tejer un mundo de ilusiones.
Es ser amante de las cómicas, la TV, la diversión, los colores, las luces, los animales, las preguntas, el cine, la comida y bebida chatarra, los juguetes, los dulces, ir de paseo, los tambores y cornetas, las barbies y Kens.
Es soñar despiertos y dormir deseando que a las horas les salgan alas para que vuelva a salir el sol y, otra vez, dedicarse a algo tan serio como es el mundo mágico del juego.
Es mirar al horizonte, en busca de un mañana en donde el hambre nutricia y afectiva, el frío y el dolor no sean el pan de cada día, en un presente que es como una pesadilla y en donde los personajes que se desplazan por el escenario de la vida son la guerra, la muerte, la explotación, la miseria económica y moral, la injusticia y la enfermedad, que matan al cuerpo y al alma.
Es ser capaz de sonreír -con una boca gacha, un abdomen abultado, el hambre aguijoneando las entrañas- porque llueve, llegó mamá, alguien le mira con amor, le abraza, le regala un juguete, un plato de comida...le demuestra "me importas".
Es mantener viva la capacidad de asombrarse porque de una oruga nació una mariposa, los peces no se ahogan, el mar es infinito, las estrellas titilan en el cielo, los pájaros vuelan, las nubes no se caen, la tortuga vive más que el hombre, los animales no van a la escuela, los bebés no se compran en tiendas, papá es fuerte, el sol no se cansa de alumbrar, Dios está en todas partes.
Es abrir la llave del olvido y dar cabida al perdón; enfrentarse a la vida con el cuerpo, el corazón y la mente puros para que escriba en ellos páginas de amor o de dolor.
Es querer volar como las águilas para llegar a la cima del Everest, o nadar como los tiburones para explorar la belleza del insondable mar; correr como gacela al encuentro del viento.
Es sentirse a la vez amo del mundo y un peregrino que pernocta por doquier, con el cascabel de su risa, tejiendo sueños y dejando huellas por doquier, haciendo que la humanidad mantenga viva la esperanza.


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136397
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América