Algunas mujeres evitan las relaciones sexuales, por los ruidos, sonidos, gritos, que se producen en la intimidad, ya sea, por los mismos protagonistas o por algún defecto de la cama. La pareja suele sufrir por la interpretación que los vecinos o los propios familiares puedan hacer. Otro temor muy difundido es que los hijos o la suegra entren por sorpresa en la habitación y los sorprendan. Colocar un pestillo en la puerta del dormitorio es la solución sencilla. Este tipo de detalles puede ocasionar inconvenientes, ya que resultan más incómodas las explicaciones que se han de dar que la molestia de solucionarlos.
Sorprenderse a la hora y en el lugar de hacer el amor puede ser ya de por sí una fuente de pasión; mientras la monotonía y la repetición de formas será siempre un incentivo menos. Esta etapa de acoplamiento, como se le podría llamar a este período de cambio en las costumbres sexuales, va mejorando la calidad de la sexualidad en general. Cada vez son más las parejas que, prescindiendo de costumbres adquiridas y rompiendo moldes tradicionales, buscan el placer mutuo y que no dudan en solicitar ayuda cuando ello les resulta difícil.
La respuesta sexual, como toda respuesta humana, es una interacción constante entre cuerpo, mente y comportamiento. El cerebro, con sus conocimientos, emociones y pensamientos, dirige nuestro comportamiento, y ambos van modificándose en función de los que el cuerpo va experimentando. Los tres tienen un objetivo común y es fácil conseguirlo.
Si vives atormentado/a por la hora o el lugar cuando lo que deseas es compartir con tu amado/a ese momento tan especial, le debes participar a tu cónyuge tus dudas, preocupaciones y tus propuestas para mejorar la calidad de tu sexualidad y asegúrale que es una buena inversión el hablar sobre estas cosas.