Desde el nacimiento del Niño en un rústico pesebre en Belén, relatado por los evangelistas, hasta la tradición de Papá Noel, alrededor de la celebración más grande de la humanidad, son muchas las historias que se han tejido.
Durante cientos de años los seres humanos hemos encontrado pretextos para hacer de la Navidad un momento de paz, alegría y ensueño. Así es que las historias y tradiciones de esta época nos devuelven la inocencia de la infancia y nos recuerdan la maravilla que esconden valores como la justicia, la hermandad y el amor. Algunas tradiciones más comunes de nuestros países son: El árbol de Navidad, los villancicos, los aguinaldos y las posadas.
EL ARBOL DE NAVIDAD
Como símbolo cristiano, el árbol se remonta a una leyenda medieval según la cual Adán, antes de morir, envió a su hijo Set a la puerta del paraíso para pedir aceite del árbol de la vida, pero él sólo obtuvo una rama seca y la promesa que ésta traería la curación a la especie humana. Cuando Set volvió, su padre ya había muerto, así que sembró sobre su tumba la rama seca, que creció para convertirse en un gigantesco árbol con el cual se haría luego la cruz de Jesucristo.
La costumbre de adornar los árboles se remonta al siglo VIII, cuando Bonifacio fue enviado a Germania para convertir a los paganos. El monje vio que ellos invocaban a sus dioses bajo los árboles y allí les dejaban presentes. En una noche de Navidad, los germanos se disponían a sacrificar a un niño debajo de un árbol. Bonifacio se llenó de ira y cortó el tronco, pero éste retoñó inmediatamente. El monje explicó el prodigio como símbolo de la nueva vida que había traído Jesús al mundo; no era necesario, pues, derramar más sangre. De este modo salvó al niño y obtuvo una conversión masiva. Desde ese momento, los abetos comenzaron a ser adornados; los regalos que se ofrendan en sus ramas son símbolos de los dones que trajo el Niño Dios.
LOS VILLANCICOS
Los villancicos son cantos populares, generalmente de origen campesino, con los que el pueblo se hizo partícipe de las solemnes celebraciones eclesiásticas realizadas en torno al nacimiento del Hijo de Dios. Muchos de ellos tuvieron su origen en Europa y llegaron a América, donde fueron acompañados por flautas indígenas (chirimías), tambores y maracas.
Canciones de cuna, historias de pastores, alabanzas al Niño recién nacido, forman hoy parte de las tradiciones navideñas que en cualquier parte del mundo y en cualquier idioma, sirven para celebrar y adorar al personaje más importante de la historia de la humanidad.
LOS AGUINALDOS
Esta hermosa costumbre consiste en apostar, durante los días previos a la Navidad, regalos que el perdedor del juego brinda al ganador. Data de la Edad Media, cuando, en las fiestas carnavalescas, los hombres se vestían de mujeres y las mujeres de hombres, para pedirlos. La costumbre se extendió a los nobles, quienes obsequiaban caballos finos o dinero a sus familiares y amigos.
En el siglo XV, los conquistadores, enriquecidos por el oro americano, donaban como aguinaldo a las iglesias bellos altares dorados. La costumbre se popularizó y se convirtió, a partir de la Colonia, en una tradición navideña.
Los regalos se apuestan en inocentes juegos. Algunos de los más comunes son:
Pajita en boca: los jugadores deben tener una pajita en la boca, pues en cualquier momento se les puede pedir que la enseñen. Si no la tienen, pierden.
Hablar y no contestar: se trata de no contestar a la pregunta que el otro jugador hará en el momento más inesperado. Tres pies: los jugadores deben siempre pararse con los pies juntos para evitar que su contrincante ponga un pie en medio de los suyos.
Beso robado: consiste en dar un beso en la mejilla del oponente sin que este tenga la oportunidad de evitarlo. El sí y el no: cada jugador debe escoger una respuesta, sí o no, y mantenerla cualquiera que sea la pregunta. Pierde quien olvida su respuesta y da la contraria.
Dar y no recibir: se trata de no recibir nada del contrincante y, a la vez, buscar la oportunidad para entregarle algo. Las tradiciones son las que hacen las personalidades de las naciones, y es la infancia el momento preciso para inculcarlas en los tiernos corazones de nuestros niños.