Vuelve "Cerebrito" el personaje que hace dos décadas nos proponía rescatar los valores cívicos perdidos.
Su retorno forma parte de la campaña "Despertando la conciencia nacional" promovida por la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales, encabezada por el presidente de la misma, Juan Antonio Tejada.
La campaña se dará a conocer al país a través de cuñas de radio y televisión, a fin de rescatar el papel de la familia en el rescate de los valores.
En otras palabras, enséñale hoy lo que debe aprender cuando salga de paseo y mañana podrán disfrutar muchas salidas de fin de semana juntos.
En este punto de su conversación, advirtió que ni el gobierno, ni los periodistas hicieron nada. Al parecer, allí jugó su papel el idealismo del que habla el padre del periodismo de investigación.
También se refirió al progenitor del mandatario y ex presidente, George Bush. Aseguró que le preguntó al hijo si había pedido consejo a su papá y tardó ocho minutos en responder.
Lo cierto es que no le preguntó a Collin Powell, ex secretario de Estado, quien le había advertido sobre las consecuencias de una guerra contra Irak, ni a Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa, como tampoco fue asesorado por el padre.
Al respecto, Woodward se limitó a decir que "el presidente que cree que sabe lo que piensan los demás, está equivocado".
Así, se pasó el tiempo, raudo y demasiado veloz. Al concluir, volvió el periodista a robarse el show y tuvo que afrontar con estoicismo, una nueva andanada de flashes. Luego salió con rapidez.
Pero, ¿saben qué? En ese momento esta periodista sintió que le faltaba algo por saber, algo que iba más allá de Irak o de cualquier guerra.
Justamente en el 2005 murió el hombre que fue la fuente de la pareja de periodistas del Washington Post: William Mark Felt, en aquel entonces el sub director del FBI. A él le llamaron Garganta Profunda, parodiando a una película pornográfica de principios de los 70.
Jamás fue revelada la fuente que guiaba los profesionales de la pluma en su investigación, hasta que el propio Felt hizo público que él era.
Por tanto, tomé de la mano al intérprete y corrí tras Woodward. Cuando lo alcancé, ya iba de mal humor. Daba la impresión de que quería huir. De hecho, estaba casi saliendo del edificio.
En ese momento le espeté la pregunta: ¿Qué sintió usted cuando "Garganta profunda" habló antes de morir?
Una sonrisa apareció en su rostro cuando dijo: "una gran alegría, porque eso le daba veracidad a mi historia".
Esta periodista también sonrió.