Un simio es capaz de hacer pequeñas sumas y de usar herramientas que un niño de dos años no sabe ni cómo agarrar, pero el pequeño es más inteligente por haber aprendido culturalmente a interpretar intenciones y a imitar a los adultos para resolver un problema, no porque tenga más cerebro.
Es decir, la inteligencia humana se debe a una especialización de la cultura, y no a una inteligencia general asociada al mayor tamaño cerebral, según una investigación realizada durante los últimos cuatro años, por un equipo internacional de científicos.
La española Victoria Hernández-Lloreda, que ha participado en el trabajo, explicó a EFE que para su investigación, que mañana publica la revista "Science", se ha aplicado "una amplia batería de tests cognitivos" a 106 chimpancés y 32 orangutanes, y a 105 niños de 2 años de edad.
Para igualar las condiciones de aplicación de los exámenes a las diferentes especies, llegaron a poner una barrera de plexiglás entre quien realizaba las pruebas y el niño, a fin de simular el mismo entorno en el que se hacían a los simios.
Los dos obtuvieron resultados muy similares en las pruebas relativas al conocimiento del mundo que les rodea, e incluso los chimpancés fueron mejores que los niños en operaciones de rotación, sumas de pequeñas cantidades y uso de herramientas.