Variedades

Investigación de los recursos pesqueros


(Tomado de la revista Frontera, de la Ciencia y la Tecnología)
Han pasado ya muchos años desde que se creía que los recursos del mar eran inagotables. Que su biomasa era tan grande que lo que el sector pesquero pudiera extraer de ellos no podría afectar al equilibrio de sus poblaciones. Pero tras estas creencias, mantenidas hasta las primeras décadas de este siglo, ha transcurrido mucho tiempo y, sobre todo, se han sucedido importantes avances tecnológicos y ha pasado una época de desarrollo industrial que cambió el panorama general de explotación de los océanos.
Desde la aplicación de la máquina de vapor a los buques hasta las modernas unidades pesqueras se ha producido un continuo avance en los sistemas de navegación, de posicionamiento en la mar, de detección de los bancos, de los artes de pesca, de aplicación del frío industrial, etcétera, que fue paralelo al crecimiento en número de unidades de las flotas, multiplicándose el esfuerzo de pesca en las pesquerías litorales y desarrollándose en las de altura y gran altura.
Así, Russell, en 1931, llamó la atención sobre la necesidad de controlar la pesca para mantener en equilibrio la biomasa de las poblaciones explotadas y enunció en el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES, con sede en Copenhague) su famosa ecuación, muy simple, que indicaba que la biomasa de la población aumenta por dos fuentes: los reclutamientos anuales de los juveniles que se incorporan a la población por reproducción del stock parental y el crecimiento en peso de todos los ejemplares que componen la población al asimilar el alimento que ingieren a costa de otros seres vivos marinos.
Este incremento continuado de la biomasa se compensa por dos pérdidas: la mortalidad natural de los ejemplares de dicha población (depredación, enfermedades) y la mortalidad por pesca. Es en este factor en el que el hombre puede influir para tratar de mantener a las poblaciones explotadas en un equilibrio tal que proporcionen los máximos a lo largo de los años. Surge así el concepto de rendimiento máximo sostenible (RMS), al que corresponde una mortalidad por pesca cuyo cálculo se convierte en el objetivo de una nueva ciencia que se desarrolla a partir de entonces basada en los modelos de la dinámica de poblaciones: la evaluación de stocks y la ciencia de las pesquerías.
El objetivo es, pues, conocer el estado de explotación de los stocks haciendo un seguimiento continuado de la evolución de los mismos para determinar el nivel de mortalidad pesquera que están soportando, en relación con aquel que proporcionaría rendimientos estables, manteniendo al stock dentro de unos "límites biológicos seguros", y que se puede traducir en procurar mantener en la mar un stock de reproductores que aseguren una alta probabilidad de buenos reclutamientos anuales.
Para el cumplimiento de tales objetivos se han establecido metodologías cada vez más complejas que necesitan de una información biológica continuadas y de un importante nivel y de una coordinación imprescindible entre los equipos de investigadores de los países que actúan en la misma pesquería. Todo ello con el fin de llevar a cabo conjuntamente las evaluaciones, cuyos resultados, una vez analizados y discutidos, lleven a asesorar a las administraciones pesqueras (nacional o supranacional) sobre las medidas de gestión convenientes (esfuerzo de pesca, totales anuales de capturas o TACs, mallas y tallas mínimas, etcétera).
MARCO DE ACCION
La aplicación de las actuales metodologías lleva a la necesidad del cumplimiento de varias acciones continuadas en el tiempo, que se han de desarrollar fundamentalmente en tres marcos de acción, a saber: en los laboratorios de investigación marina, en las lonjas de cierta importancia (o en ocasiones, en buques de pesca) y en campañas de investigación en la mar realizadas en buques oceanográficos. Y ello porque se requieren tres tipos de datos y conocimientos que al final confluyen a la hora de llevar a cabo la evaluaciones anuales.
En primer lugar, la información básica es la procedente de la propia actividad pesquera, consistente en la obtención, por un lado, de los datos de capturas por especie, zona, arte de pesca y período de tiempo, así como el esfuerzo empleado en obtenerlo (buques, potencia, tiempo de pesca).
Esta información debe proceder de la administración pesquera con la suficiente desagregación y alta fiabilidad. Por otro lado, se precisan las distribuciones de tallas o tamaños de esos desembarcos, también por especie, arte, zona, mes y puerto a los que asimilar la captura anteriormente reflejada.
Para cubrir estas faceta el Instituto Español de Oceanografía (IEO) mantiene desde hace años una red de informadores-muestreadores en los 50 puertos más importantes de todo el litoral tanto peninsular Atlántico y Mediterráneo como en Canarias y Baleares, que, en 1995, supone una inversión de 110 millones de pesetas.
Para dar una idea del volumen de muestreo que se lleva a cabo, se miden anualmente más de 500.000 ejemplares en las lonjas de 43 puertos, de las especies de mayor importancia comercial y que son objeto de evaluación, como merluza, bonito, sardina, cigala, gallo, rape, anchoa, pez espada, jurel, atún rojo, bacaladilla, pulpo, caballa y gamba. Todas ellas proceden de las distintas pesquerías explotadas por flotas españolas.
En determinadas pesquerías existen programas de observadores científicos a bordo de buques comerciales, que recopilan valiosa información complementaria sobre descartes, zonas de pesca y muestre de la captura. Este tipo de actividades se llevaron a cabo en la pesquería de Gran Sol y se mantienen en la de Malvinas, ne los palangreros congeladores de pez espada y la flota bacaladera, de platija y de fletán negro.
En segundo lugar, los proyectos de investigación en biología pesquera que se realizan en los laboratorios, estudian los principales parámetros biológicos de las especies citadas, fundamentalmente para conocer su crecimiento (relación talla/edad y talla/peso), sus tallas y edades de maduración sexual, sus proporciones de sexos a cada talla, su fecundidad y su alimentación por el estudio del contenido de miles de estómagos.
Para esta segunda faceta se precisa, como es obvio, abundante material biológico conseguido bien por la compra de lotes de pescado a los buques comerciales, o bien en campañas de investigación. Estos trabajos se llevan a cabo mediante proyectos coordinados desde los centros oceanográficos que el IEO tiene en Santander, La Coruña, Vigo, Fuengirola, Murcia, Palma de Mallorca y Santa Cruz de Tenerife, desde el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo y el Instituto de Ciencias Marinas de Barcelona, ambos del CSIC, y desde el Instituto de Investigación y Tecnología Pesquera del Gobierno Vasco, AZTI y proporcionan un continuo avance en el conocimiento de la biología de las especies.
MODELOS MATEMATICOS
Para los stocks que son evaluados por modelos analíticos un objetivo fundamental de estas investigaciones, combinado con los datos procedentes de las lonjas, es la obtención de las capturas por clase de edad que, mediante modelos matemáticos, permite estimar anualmente la estructura demográfica o por edades de los stocks en la mar, y la evolución de su biomasa en el tiempo.
Además, del análisis de series históricas que relacionan la captura con el esfuerzo de pesca empleado en conseguirla, en flotas seleccionadas de seguimiento estadístico detallado, se obtienen índices, comparables año tras año, de la evolución de la abundancia en la mar, conocidos como CPUE o captura por unidad de esfuerzo, que se comparan con los resultados de los modelos demográficos citados a fin de corroborar las tendencias.
Por último, se efectúan campañas de investigación en la mar que proporcionan información directa de los recursos, y en las que se utilizan metodologías de evaluación alternativas con las que comparar los resultados de los modelos anteriormente citados. Los tres tipos de campañas más usuales consisten en pescas por arrastre, en evaluaciones acústicas, y en estudios de huevos y larvas en el plancton combinados con otros de fecundidad de los reproductores.
Las primeras se dirigen, sobre todo, a especies de fondo y son muy útiles para conocer la fuerza de los reclutamientos anuales, la distribución y abundancia de las distintas clases de edad y las zonas y épocas de mayores concentraciones de juveniles, a fin de recomendar las vedas espacio-temporales de efectos biológicos más positivos.
Las campañas de acústica y de ictioplancton se dirigen a especies pelágicas, como sardina, anchoa, caballa y jurel. Las primeras evalúan los stocks mediante la ecointegración de la respuesta acústica de la biomasa de los cardúmenes tras el rastreo de toda el área de distribución, complementada con muestreos por pescas de arrastre pelágico.
Las segundas estiman la biomasa del stock de reproductores a partir de los huevos en el plancton en la época de puesta y la fecundidad de los adultos. Los resultados de las campañas de investigación en la mar son utilizados para "calibrar" los de las evaluaciones por modelos matemáticos, buscando la coherencia de las tendencias de varias fuentes de información.
CAMPAÑA DE MARCADO
Mención aparte merecen las campañas de marcado (pesca-marcado-liberación-recaptura) que se realizan para el conocimiento de la biología de los túnidos, pez espada y tiburones y, recientemente, del bacalao, el jurel y la caballa. Estas proporcionan una valiosa información sobre su crecimiento y migraciones entre el momento del marcado y su recaptura comunicada por los pescadores.
Asimismo son de aplicación práctica las campañas de selectividad, que determinan las relaciones entre el tamaño de las mallas de los cupos del arte de arrastre y los tamaños de las especies que retiene y que libera, con el propósito de recomendar tallas mínimas y mallas mínimas de los ates coherentes con aquellas.
Recientemente se han puesto en marcha, además, proyectos internacionales de investigación cofinanciados por la UE que tratan de relacionar las condiciones oceanográficas con la fuerza de los reclutamientos y con la distribución de las especies (SARP, SEPOS), conscientes cada vez más de la influencia del medio en la distribución y evolución de los recursos, así como proyectos orientados a conocer el impacto de la pesca en los ecosistemas (descartes) o en especies especialmente sensibles (mamíferos, tortugas).
Todos estos aspectos de la investigación pesquera permiten tanto un importante avance en el conocimiento de la biología y la ecología de las especies como del estado y evolución de los stocks explotados, lo que proporciona a su vez la base para asesorar a la Administración en la gestión de los recursos pesqueros propios o en las negociaciones con terceros países o en los foros internacionales.


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60932
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América