Compromiso y respeto esos son elementos “Sine qua non” de que debe hacer gala todo buen periodista que se precie de serlo.
Quien quiera ser periodista que haga el siguiente ejercicio: Que se pregunte por lo menos tres veces cuáles son las razones que lo mueven a elegir serlo y lo anote en un papel.

Si es por el reconocimiento público, por la fama, porque es un trabajo bonito o porque te gustan las cámaras de televisión, no son las razones correctas.
“Ser periodista es un gran compromiso, porque el periodista es un servidor público, porque es los ojos y los oídos de la sociedad”.
En el periodismo, según enfatiza, no caben alianzas con nadie, únicamente consigo, con la verdad y con la sociedad como un todo, la cual debe reflejar, como un espejo, en su trabajo periodístico, sin tomar partido.
“Zapatero, a sus zapatos”, bien lo dice el refrán, con el cual pareciera identificarse el presentador y productor de CNN en Español, quien además de periodista, es también escritor (ya tiene casi listo un libro autobiográfico y motivacional, cuyo lanzamiento será en 2012), el cual opina que no se vale esto de “los políticos disfrazados de periodistas”, ni tampoco “los periodistas disfrazados de políticos”.
Los planteamientos y consejos que anteceden son de Ismael Cala, quien puede hablar con autoridad sobre la materia, porque goza de excelente reputación en esta profesión y ocupa un sitial especial, donde la fama, el aprecio y la admiración hacen que las puertas se le abran de par en par. Aunque, no siempre fue así.
Mucha agua corrió por el río desde que Ismael Cala (que no bien llegó a Panamá el viernes pasado y ya se enamoró de ella y la adoptó como tercera Patria), decidió marcharse de su natal Cuba donde se había hecho de un nombre y un nicho en la radio y televisión porque quería residir en Canadá, donde empezó de cero y tuvo que abrirse camino a brazo partido.
No sabía inglés, pasó hambre, rebuscó objetos en los basureros, durmió 15 días sobre una alfombra, cinco veces en Toronto fue a un centro caricativo a buscar una bolsita con comida y tuvo que formar una larga fila con menesterosos y drogadictos, hasta que viéndose en la fila se dijo: “Yo no puedo estar en esta cola. Aquí no pertenezco”.
Y se decidió a dar otro cambio radical en su vida.
Dos años después volvió a la televisión, lo que siguió todos lo conocemos.