Considerado como uno de los mejores sinfonistas del mundo, cantantes líricos de todo el mundo cuentan con varias de sus piezas en sus repertorios: se trata de Joaquín Turina, un músico universal del que se cumplieron 50 años de su muerte. Sevilla, su lugar de nacimiento, y otras ciudades españolas, celebraron actos en su memoria. En Tenerife, la soprano María Orán preparó un concierto con sus alumnos más aventajados.
"El maestro Turina nos dejó un legado musical que nos enorgullece a todos. Tengo de viajar por todo el mundo ofreciendo conciertos, y siempre me piden obras suyas", explica Orán.
En Nueva York, la también soprano cubana, Georgina Granado, confiesa:
"Jamás han faltado en mi repertorio piezas de Turina, así como de los cubanos Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig. Con estos músicos me siento más identificada".
Granado, junto a otras figuras líricas, va a participó en el acto que se celebró en memoria de Turina en la Ciudad de los Rascacielos por motivo del 50 aniversario de su fallecimiento.
MUSICALIZO VARIAS PELICULAS
Como se hizo al conmemorarse el centenario de su nacimiento, el Ayuntamiento de Madrid ofreció un ciclo de actos en el Centro Cultural de la Villa, con la participación de concertistas de piano españoles y extranjeros, y con las voces de varias sopranos.
Además se proyectaron las películas "Una noche en blanco" y "El abanderado" que componen la parte fundamental del ciclo Bandas sonoras de Turina.
La colaboración del músico sevillano con el mundo del cine se desarrolló en la década de los cuarenta y abarcó cinco largometrajes y tres cortos. Las ocho fueron obras de encargo, aceptadas por Turina a causa de sus necesidades económicas. "Una noche en blanco", dirigida por Fernando Alonso Casares es un drama psicológico rodado en 1948 mientras que "El Abanderado" de Ardavín (1943), narra hazañas de la guerra de la Independencia en el estilo grandilocuente de aquella época. Joaquín Turina compuso una banda sonora con momentos épicos para gran orquesta y otros del folclórico hispano.
Joaquín Turina nació en Sevilla, el 9 de diciembre de 1882. Cursó sus primeros estudios musicales con Enrique Rodríguez, y posteriormente con Evaristo García Torres. Dio su primer concierto público en Sevilla.
En 1902 se trasladó a Madrid para continuar sus estudios de piano con José Tragó. Al año siguiente se presentó en la capital española como pianista y compositor, y tuvo sus primeros contactos con Manuel de Falla.
Desde entonces vivió alejado de Sevilla, pero la tenía en sus mismas entrañas. "Nada de mí, ni de mi música, ni mi espíritu, ni mis andares, pueden estar lejanos de Sevilla. Siempre es Sevilla la que me sale al paso y todo, todo en mí, está teñido de una nostalgia de paraíso perdido", decía con frecuencia.
Después de permanecer dos años en Madrid, actuando como pianista y alternando con lo mejor del mundo musical, en 1905 se trasladó a París para estudiar piano con Moszkowski. En 1906 ingresó en la Schola Cantorum para estudiar Composición con Seryeux y D"Indy. Un año más tarde ofreció un concierto para el público francés, estrenando el "Quinteto Op. 1.". Fue cuando se encontró con Albéniz, otro grande de la música clásica española.
CONTRAJO MATRIMONIO CON OBDULIA GARZON
Turina, que junto a Manuel de Falla, Conrado del Campo y Oscar Esplá crearon el actual sinfonismo español, poseía algo difícil de observar en aquellos espíritus que llegaron a destacarse en la música en sus dos vertientes interpretativa y creacional, en las que él fue un auténtico maestro: poseía un espíritu joven innovador.
En 1908 estrenó su maravillosa obra "Sevilla", y contrajo matrimonio con Obdulia Garzón. En 1911 ofreció un concierto en Londres compartiendo escenario con Manuel de Falla, al que siguieron muchas otras actuaciones conjuntas de ambos pianistas y autores en París y otras capitales europeas.
Un año después triunfo en Madrid con el estreno de "La procesión del rocío". En 1913, Vincent d"Indy le extendió a Turina el Certificado de Estudios de la Schola. Su estreno en Madrid de "Margot", con la colaboración de los Martínez Sierra, despertó una gran polémica entre la crítica y el público. El Ateneo de Madrid le homenajeó junto a Falla y la cantante Luisa Vela, en 1915.
El cincuenta aniversario de su muerte ha de ser conmemorado entre los españoles con el vivo homenaje que siempre resulta ser la directa audición de sus más famosas partituras.
En 1943, el crítico español Federico Sopeña al definirlo, dijo: "Turina es vuelo de sueño en la mirada y corrección extrema en el gesto".
Su Enciclopedia abreviada de la Música salió a la luz en 1917. También aquel año presentó "Mujeres españolas op. 17". A continuación (1918) estrenó en Lisboa el "Poema en forma de canciones". También dirigió la orquesta durante las actuaciones de los Ballets Rusos de Sergio Diaghilev en Salamanca, Valladolid, San Sebastián, Bilbao, Logroño, Zaragoza, Valencia, Alicante, Alcoy, Granada, Málaga, Sevilla, Córdoba, Madrid (Teatro Real) y Barcelona (Teatro Liceo).
...TODO PRODUCTO ARTISTICO
Seguidamente compuso las "Danzas Fantásticas" que estrenó Pérez Casas en 1920, año en que compuso la "Sinfonía Sevillana", que le premiaron en San Sebastián y que en aquella ciudad dirigió el maestro Arbós.
Es evidente que el mejor homenaje que cabe hacer a un músico consiste en difundir su obra, en acercarla al público, destino final de todo producto artístico, y reeditar la discografía de Turina es otra demostración de cuánto se le tiene en cuenta a los cincuenta años de su desaparición.
En 1922 estrenó en Sanlúcar su "Sonata pintoresca" "Sanlúcar de Barrameda". A los dos años escribió la ópera "Jardín de Oriente", con libreto de Martínez Sierra, estrenada en el Teatro Real de Madrid.
El compositor Miguel çngel Coria ha mencionado que el insigne sevillano "tiene vigencia ahora, en la medida en que la tradición está vigente: no podríamos componer hoy si no hubieran existido personas como Turina". Por su parte otro músico, Manuel Blancafort ha precisado que Turina no caduca. "Las características de su obra son la alegría, la claridad y su extraordinaria maestría", dice.
Dos de sus grandes obras, "El barrio de Santa Cruz" y "La oración del torero", las compuso en 1925. Al año siguiente recibió el Premio Nacional de Música por el "Trío op 35". En 1928 dirigió en Barcelona la Orquesta Pablo Casals y estrenó su poema coreográfico "Ritmos". Viajó a Cuba en 1929, para ofrecer conferencias, conciertos y recibir varios homenajes en diferentes capitales de la isla. A su regreso a España fue nombrado Catedrático de Composición del Conservatorio de Madrid, por lo que las grandes personalidades de la música madrileña le tributaron con tal motivo una cena homenaje.
En 1932 el maestro Cubiles estrenó las "Danzas gitanas op. 55". Aquel mismo año Turina recibió el golpe más duro de su vida al morir su hija María.
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando lo eligió miembro en 1935. Al año siguiente compuso "Círculo". Hizo mutis y no reanudó su trabajo creativo hasta pasada la guerra civil, trance durante el cual recibió ayuda y apoyo del cónsul británico John Milanés.
En 1939 pronunció su discurso de ingreso en la Academia, y en 1940, fue nombrado Comisario de la Música: primero formando triada con Cubiles y Otaño, después en solitario. Entre sus colaboradores en este trabajo figuraron Antonio de las Heras y Federico Sopeña.
Recibió la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en 1941, más tarde estrenó en Radio Nacional de España las "Musas de Andalucía". En 1945 dirigió un gran concierto homenaje en Barcelona. Sus última obra "Desde la terraza", la escribió en 1948, Dejó inconclusa la "Sinfonía del mar". Joaquín Turina falleció en Madrid, el 14 de enero de 1949.