C uatro piezas había contemplado el artista interpretar la noche de este martes en el Teatro Nacional, pero al final agregó dos más, finalizando la velada clásica unos quince minutos antes de las diez de la noche.
El joven músico estuvo muy entusiasmado desde antes de la apertura del concierto, que inició pasadas las ocho de la noche con la pieza Premiere Rhapsodie, de Claude -Achille Debussy. Aquí Franch-Ballester hizo un paréntesis para comentar sobre el autor del tema, que dijo, fue compuesto luego de haber sido invitado al Conservatorio de París.
El público -adultos, jóvenes y algunos niños- digería cada nota y cada cambio de la canción con suma atención, y sin la aglomeración que producen los actos masivos.
Luego, y para terminar este primer parte, le tocó recordar a Johanes Brahms, con la Sonata en Mi bemol, interpretada en tres movimientos. Sobre esta canción, José dijo que Brahms había dejado ya de componer, pero conoció a un amigo y esa amistad fue motivo de una nueva inspiración. Las canciones que produjo fueron testigos de su lucha por la vida, esta sonata tiene los caracteres de una persona adulta, señaló el músico.
Un breve intermedio para dar continuidad a la segunda parte del evento.
Con la sonata 1962 de Francis Poulenc, que compuso a meses de su muerte, retomó el concierto, que forma parte de los que programa durante el año la Asociación Nacional de Concierto. Esta pieza fue compuesta tras el fallecimiento de un amigo, hecho que lo dejó muy afectado. Cuando falleció Francis, este tema no estaba terminado, pero se han hecho muchas revisiones. Cada uno de los tres movimientos tienen estados emocionales del autor muy marcados. En el último parece que la intención era burlarse de la muerte, por medio de la risa.
Luego hace honor a un virtuoso de la flauta, Donato Lovreglio, con la Fantasía sobre temas de la Traviata.
Tras la nota final de cada pieza, el público entrega aplausos hasta que los artistas, José y la pianista Anna Polonsky, se perdían entre las cortinas del silencioso teatro.