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Jóvenes viajan en uno de los trenes más espectaculares del mundo


La Ruta Quetzal ha llegado al Atlántico tras recorrer uno de los paisajes más sobrecogedores del mundo y cruzar la Sierra Madre Occidental de México en un tren que, en pocos kilómetros, salva 2.400 metros de altitud hasta llegar al océano.
La expedición, integrada por más de 300 jóvenes de 43 países, recorrió primero a pie parte de la Barranca del Cobre, una serie de cañones intercomunicados moldeados durante millones de años por los ríos y el viento que abarca una zona de 25.000 kilómetros cuadrados, con una altitud máxima de 3.046 metros.
Durante cinco horas, los expedicionarios, que habían acampado en un rancho próximo a la estación de ferrocarril de El Divisadero, caminaron hasta el fondo del barranco, donde todavía pueden verse algunos poblados de indios tarahumaras o rarámuris, que cada día suben hasta la estación para vender sus artesanías a los turistas, generalmente norteamericanos.
Este pueblo, que prefiere mantenerse aislado, habita en sencillas cuevas o cabañas de madera y se alimenta de tortillas de maíz, patatas, fríjoles y zumos de frutas.
La expedición, dirigida por Miguel de la Quadra Salcedo y patrocinada por el Banco Bilbao Vizcaya-Argentaria (BBVA), tomó a la mañana siguiente el tren que une la ciudad de Chihuahua con el Pacífico, en la localidad turística de Los Mochis.
Las lluvias provocaron un pequeño derrumbe de lodo que retrasó la salida de uno de los trenes más espectaculares del mundo, y los jóvenes aprovecharon en la pequeña localidad de San Rafael para escuchar, en boca del gerente comercial de la línea, Enrique Menéndez, la historia de este ferrocarril, cuya construcción se inició en 1898.
El único tren mexicano de largo recorrido para pasajeros, el Chepe, fue idea del estadounidense Albert K.Owen, quien buscó una vía corta entre el este americano y algún puerto del Pacífico que facilitara la salida hacia Asia del transporte de mercancías.
La máxima dificultad del proyecto fue precisamente salvar la Sierra Madre Occidental y buscar el trayecto idóneo en esta zona, por lo que se decidió trazarlo por el que habitualmente recorrían los burros que bajaban el mineral del norte hasta el mar.
En 1910, la Revolución Mexicana y otros conflictos del país paralizaron la construcción del ferrocarril, cuyo tramo más complicado se ejecutó entre 1957 y 1961.
En el recorrido se construyeron 88 túneles y 31 puentes, algunos de ellos de 450 metros de altura y un kilómetro de largo.
Los jóvenes expedicionarios disfrutaron de un viaje espectacular y sobrecogedor en un tren privatizado hace dos años y que cuenta con seguridad a bordo para evitar asaltos, como el que hace un tiempo costó la vida a un turista suizo que filmó a los asaltantes.
Este tren realiza dos trayectos diarios -uno para primera clase y otro de segunda- y puede alcanzar los 120 kilómetros a la hora, pero al tratarse de un ferrocarril panorámico, la media de velocidad de la máquina es de 40 kilómetros.
Durante las doce horas de recorrido desde Chihuahua hasta Los Mochis, el tren cruza bosques alpinos, ríos, gargantas, poblados tarahumaras y antiguas misiones para llegar a una zona tropical siguiendo la ruta del río Septentrión.
Los jóvenes de la Ruta Quetzal durmieron en la playa y después se desplazaron en autobús hasta la pequeña localidad de San Blas, un importante puerto de la época colonial fundado en la segunda mitad del siglo XVII.


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46352
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América