Variedades

Juegos de adultos


Lo confieso, soy impulsiva, irreverente, caprichosa e impaciente. Lo quiero todo para ya y no soporto los “jueguitos” emocionales a los que jugamos los adultos. Ya sea dentro o fuera del partido, mi modo de pensar es que es mejor jugar y ser expulsado que quedarte en la banca por temor al fracaso.
En conversaciones con especialistas (la plática diaria con mis amigas mujeres durante el almuerzo) he aprendido que hasta a las almas rebeldes como yo nos toca alguna vez obedecer “las reglas”.
Les cuento. Fastidiada de estar sola decidí que la mirada indiferente hacia los representantes del sexo fuerte y mi tendencia ermitaña no me ayudaban para nada en mi empeño de acabar la temporada baja. “Si te gusta, ve por él”, pensaba, pero me di un palmo de narices cuando noté que mi actitud osada no me rendía los frutos esperados. Los hombres desconfiaban de mi sinceridad, un “me gustan tus ojos” lo interpretaban como un “ven, soy una ninfómana ansiosa de compañía”.
Ante mis quejas, mi paciente amiga Marce, un alma libre domada por la vida, se convirtió en mi asesora sentimental. Ella ya había pasado por eso y está dispuesta a guiarme o atarme si fuera necesario. Cuando vi a este hombre que me encantó y estaba ansiosa por llamarlo ella me decía: “No lo hagas, espera que él lo haga primero”, “¿Tú escribirle un mail? ¡Jamás!, si está interesado él lo va a hacer”. Estaba que explotaba de ganas por hablarle y antes de claudicar el susodicho dio señales de vida. Marce tenía razón.
Tres de los juegos más comunes a los que jugamos los grandes son: “La interesante” (nos hacemos las divas hasta tenerlos loquitos, luego damos el zarpazo. Se debe calcular bien el tiempo, éste debe ser prudencial sino podemos ganar, pero por “forfeit”). “La damisela en peligro” (qué Juana la Virgen ni que pan con queso, nosotras somos más puras, dulces, atentas y hasta hablamos más bajito. Este juego tiene dos finales: o el ingenuo se cree la publicidad engañosa o sabe lo que tenemos en mente y juega para hacernos pagar caro el querer verle la cara). “Crazy, sexy and cool” (Madonna es una niña de pecho a nuestro lado, hemos hecho el Kama Sutra completo, somos multiorgásmicas, tenemos hambre y tú eres la merienda. La pose de dura no le sirve nada a la jugadora cuando lo que realmente quiere es “algo más”. Ella es el sueño masculino, sexo sin estrés, y ellos fingen que te creen).
Todos los hombres con los que he hablado me dicen que adoran a las mujeres que no temen decir lo que sienten o pedir lo que quieren. Entonces, ¿Por qué aceptan o propician el juego? ¿Costumbre, machismo, inseguridad? No sé, pero confío saberlo un día antes de mi “jubilación”.


fecha edicion
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135854
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América