El juego, de acuerdo con la psicóloga Ivonne Stemple, ha existido desde la antigüedad y se ha transformando al pasar de los años de una cultura a otra y de generación en generación, pero solo hasta hace poco nos hemos dado cuenta de su importancia y lo esencial que es en el desarrollo de un niño.
La experta señaló que desde el momento de su nacimiento, el bebé tiene la capacidad de jugar, actividad que le produce placer y diversión; y es la primera forma de aprendizaje que tendrá acerca de sí mismo, de los demás y de su mundo.
Con el juego los pequeños desarrollan habilidades físicas cómo alcanzar, agarrar y arrojar objetos, gatear, caminar, correr, subir escaleras y saltar.
Para Stemple, algunos juegos plantean la solución de un problema y la demostración de su causa y efecto, para ellos se requieren el uso de las habilidades mentales. Añadió que los conceptos de forma, color y tamaño y muchos otros, se aprenden también a través del juego.
Las habilidades comunicativas también se estimulan con la interacción que tiene el niño con otros y las palabras y frases que utiliza durante el juego.
Los niños y niñas aprenden a seguir instrucciones, a cooperar, dar, recibir, esperar turnos, obedecer reglas y compartir. Además desarrollan confianza en sí mismo y autocontrol.
La imaginación y la creatividad se manifiestan cuando el niño o niña descubre y usa su inteligencia y experimenta en el ambiente con su propio cuerpo y su personalidad.
El juego despierta posibilidades del intelecto y aumenta el conocimiento. Por ello la especialista Ivonne Stemple recomienda a los padres brindar oportunidades “para que por medio de experiencias concretas su hijo pueda manipular, explorar, experimentar, elegir, igualar, comparar, reconstruir, definir, demostrar, clasificar, agrupar, preguntar, oír y hablar, ya que el proceso de aprendizaje y del pensamiento en consecuencia depende de estos factores entre otros”.
Los juegos que surgen de las actividades cotidianas son muy importantes, pues ayudan en el proceso de aprendizaje de las palabras que usamos en el lenguaje cotidiano y son situaciones que se viven diariamente. “Todas las tareas de la casa como tender la cama, lavar el carro o doblar ropa se pueden convertir en juegos si dejamos que nuestros hijos participen”, indicó la psicóloga. Entonces, ¿Qué estás espetando? ¡A jugar!
Muchas veces queremos participar en el juego de nuestros hijos, pero sin quitarles su espacio. En opinión de la experta, debemos dejar tomen la iniciativa a la hora del juego, observando lo que le interesa, esperando sus reacciones y escuchando con paciencia, lo que nos ayudará a comprenderlo mejor y a compartir momentos únicos. Para demostrarles nuestro interés por compartir con ellos debemos imitar lo que hacen si son niños pequeños, interpretar lo que tratan de comunicarnos, comentar sobre lo que dice o hace en su juego sin acapararlo para no limitar su imaginación y creatividad.
Coincidencialmente, ambos, tanto hijo como madre, se describen tal y como son actualmente, al responder a la pregunta del periodista Posada ¿Cómo te lo/la imaginas?. Impresiona que ambos han acertado de tal manera que el entrevistador no sabe cómo interpretarlo. Coincidencia y similitud son las palabras que Posada utiliza para calificar diversas situaciones que se han dado en la vida de los protagonistas, cuyo futuro espera tener un feliz final.
Sí, similitud en el perfil como seres humanos y coincidencia en los lugares hacia los cuales los ha conducido su peregrinaje personal y laboral, como hijos de Dios al que ambos aceptan como el Padre.
"Siempre sentí que un día mi hijo me iba a buscar. Siempre esperé este momento", expresó Lucía, en tono emocionado, quien considera que esa arruga que ha permanecido en su alma, se plancharía, al volver a verlo.
¡A jugar!
“El juego es la reacción del niño a la vida”. – Anónimo