Después de que el organismo procesa los alimentos en el sistema digestivo, los nutrientes pasan a la sangre y de allí al cerebro para formar los neurotransmisores, responsables de regular el aprendizaje, la memoria e influir en los estados de alerta y en la comunicación entre sí de las células nerviosas.
El neurólogo Darío Isaza Bermúdez señaló que no hay alimentos específicos para el cerebro, ya que éste toma los que necesita del torrente sanguíneo, como tampoco existen algunos específicos para reparar los daños neuronales, a menos que haya deficiencias vitamínicas.
Mencionó que aunque ciertos preparados y complementos vitamínicos que existen en el mercado ayudan a suplir los déficits de la dieta, si la persona consume una alimentación balanceada y completa que contenga grasas, carbohidratos, proteínas y minerales, no requiere fármacos complementarios.
Advirtió que la exageración en vitaminas puede causar daños en algunos órganos incluyendo el cerebro y sus nervios periféricos, por ejemplo, el exceso de vitamina A puede aumentar la presión intracerebral.
El neurólogo Isaza Bermúdez aseguró que el cerebro puede enfermarse por el consumo de alcohol, que le puede producirle daños irreversibles en los nervios periféricos y causar demencias, encefalopatías y neuropatías. También pueden afectarlo algunos antibióticos que cambian la flora intestinal, así como las dietas de hambre que llevan a anorexia y bulimia y a problemas de circulación y trastornos neurológicos.
Además de la alimentación, existen otras estrategias para ejecutar en la vida cotidiana y mantener su cerebro saludable como leer, el ejercicio regulado y constante aumenta la circulación cerebral, mientras que un sueño adecuado recarga de sustancias esenciales las distintas áreas del cerebro.
Evite las sustancias estimulantes después del mediodía.
Almuerce, preferiblemente, con carne y, en lo posible, cene con cereales.
Prefiera una cena liviana y temprano para que duerma bien.
Cene con arroz, pastas, legumbres y pocas proteínas para lograr un mejor relax y disminuir la tensión.
Haga de 4 a 6 comidas pequeñas al día para mantener los niveles ideales de azúcar en la sangre.
Si consume bananos, leche, levadura de cerveza y cítricos, puede descansar mejor.
En la noche conviene ingerir agua aromática de lechuga o de apio por sus efectos sedantes.
Bajas dosis de licor son útiles para mejorar la circulación cerebral y estabilizar la presión y el colesterol.
Usar un lenguaje coloquial, es decir de más confianza pero con respeto.
Tono de voz adecuado, ni muy bajo ni muy alto.
Evitar gritos o utilizar palabras obcenas.
Al dictar una conferencia, ya sea en el colegio o en el trabajo, se necesita un lenguaje estándar, es decir que todos puedan comprender.
Tome las siguientes recomendaciones:
Buena imagen y postura que expresen cordialidad.
Lenguaje sencillo y fácil de comprender.
Tono de voz agradable con seguridad y fuerza.
Buena dicción y entonación correcta, siga las ideas que expone. (Ejemplo si el tema es triste no exprese alegría en su rostro).
Resumen final del tema.
Despedida y agradecimientos breve.
Toda persona que va a hablar frente a un auditorio se pone nerviosa. Nadie lo puede cambiar, y puede resultar positivo bien administrado.
Siga los siguientes consejos:
Si se equivoca al expresar una idea, no pida disculpas, simplemente siga adelante.
Si le sudan las manos, mantenga un pañuelo en su bolsillo y úselo.
Si el orador conoce muy bien su tema, no debe tener ningún temor.
Concéntrese en el tema y no en usted mismo ni en el auditorio.
Lea mucho para que domine el lenguaje.
Pronuncie bien las palabras, dígalas completas, con las eses finales.
No utilice palabras vulgares ni chistes de doble sentido.
No se refiera a otras nacionalidades o religiones de manera ofensiva.
Sea sencillo, sin soberbia ni falsas posturas.