Variedades

La Aventura del Primer Día de Clases

..me lo había contado todo. Los lindos salones que iba a tener, lo especial que sería.


Todo el gallinero estaba alborotado. La abuela Corina hacía unas tortitas de maíz para mi lonchera, mi mamá bañaba a los gemelos a punta de picotazos para que se zambulleran en el estanque, mi padre estiraba la pata y hacía ejercicios con su cabeza antes de salir de casa; en cambio yo permanecía inmóvil junto a mi tía Annie, lista para ir por primera vez a la escuela.
Veníamos platicando hace tiempo sobre el tema. Ella con ese aire tan chic que tiene de gallina inglesa, me lo había contado todo. Los lindos salones que iba a tener, lo especial que sería, ser alumna de la maestra Ana Cecilia, la más buena de toda la escuela. Por algo la habían puesto en el Kinder. En fin, me había prometido que sería la mejor aventura de mi vida.
Pero, al llegar a la escuela, todo indicaba lo contrario. Unos pollitos lloraban, otros corrían y yo sentía una sensación extraña en mi estómago, como un volcán dormido a punto de despertar.
Tal era el caos que reinaba, que no me había percatado de la presencia de una pequeña pollita sentada en la esquina del patio dentro de la escuela.
-¡Es la pollita más extraña que he visto!- me dije con asombro y curiosidad.
Tenía un traje de un colorido sinigual, con lindas figuras geométricas. Pero al mismo tiempo, su cara era la más triste que yo podía recordar. Sus ojos apenas se abrían y su cabeza se metía dentro de sus alitas como queriendo escapar en ése momento.
De pronto, apareció mi Tía Cocó, se acercó a la pequeña, le acarició la cabeza y le dijo algo al oído. Inmediatamente la niña se levantó, batió sus alas, se arregló su traje con el pico y empezó a seguir a mi tía, conversando con ella sin perder su mirada de ave herida. -Qué puede hablar mi tía con esta niña que apenas conoce?- Pensé en el momento.
No pude resistir la tentación y las seguí.
Mi tía se acercó a una gallina que tenía muchos libros debajo de sus alas y conversaron animadamente.-Se trata de una pollita que ha venido desde la comarca Ngóbe Buglé, pero por falta de recursos, sus padres no se han podido quedar para acompañarla en su primer día de clases- explicaba mi tía Cocó -Estará en casa de unos parientes lejanos hasta las vacaciones de medio año.- En ese momento comprendí la razón de su inmensa tristeza.
-¡Qué sola debe sentirse!- me dije. -¡Lejos de su gallinero!-
Yo en cambio, tenía junto a mí, a toda mi familia. Sin pensarlo dos veces me acerqué a mi tía y suavemente tomé la mano de la pollita.
-Quieres jugar conmigo?- le pregunté, sabiendo lo difícil que era resistirse a esa pregunta. Tímidamente la niña miró a mi tía y ella le dijo que sí con la cabeza. Al salir al patio sentí una felicidad que hacía bailar mi corazón. ¡Había hecho mi primera amiga! Mi tía Cocó tenía razón. La escuela sería una inmensa aventura desde el primer día de clases.


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227209
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América