¿Qué me dicen de Edwin Cedeño? Es que cada vez que el jurado interviene es como para morirse de la risa. Él quiere que se prenda el rancho, pero no creo que aguante a verlo, porque cuando le toca dar su veredicto se queda sin aire. Debería tener al lado un tanque de oxígeno por si le da un faracho. ¿Jubilación?
Y el “atorrante” de Andrés, tras que el jurado anda cojo, demerita sus evaluaciones. Se la pasa payaseando, con sus pantalones ajustados y sus movimientos sobreactuados. Y hablando de sobreactuación, la Angie no agarra consejo, esta niña está metida de lleno en su papel de conejita Playboy montuna.