En ese afán de lograr lo que ellos llaman “primicia”, periodistas como Johny Mosquera olvidan que la gente tiene sentimiento. El martes, el futbolista Blas Pérez estaba ahogado en llanto por la emoción del gol y la tristeza por la muerte de su padre, y él le va a preguntar ¿cómo se siente? ¡Qué atorrante! Ludwik Tapia se divirtió de más. Al parecer, la victoria de la selección nacional lo hizo tomarse sus copetines, porque en el pase de la caravana en Calle 50, se reía de más y hacía extrañas comparaciones. Ni en la panga se sostenía. Y qué me dicen de Rolando Aponte, todo desaforado, gritando cual energúmeno. ¡Out! ¡Dios mío! Explíquenme ahora por qué Erick Espino relata cual deporte se les ocurra transmitir. Desde que narró las Olimpiadas de Londres, en RPC creen que él funciona hasta para hablar de fútbol. Nada de lo que decía se le entendía, ni las jugadas ni los nombres de los jugadores. “Chumbulún” con él.
La columna de Doña Perla
Ludwik Tapia se divirtió de más. Al parecer, la victoria de la selección nacional lo hizo tomarse sus copetines, porque en el pase de la caravana en Calle 50, se reía de más y hacía extrañas comparaciones.
Doña Perla (ey@epasa.com) / PANAMA AMERICA
En ese afán de lograr lo que ellos llaman “primicia”, periodistas como Johny Mosquera olvidan que la gente tiene sentimiento. El martes, el futbolista Blas Pérez estaba ahogado en llanto por la emoción del gol y la tristeza por la muerte de su padre, y él le va a preguntar ¿cómo se siente? ¡Qué atorrante! Ludwik Tapia se divirtió de más. Al parecer, la victoria de la selección nacional lo hizo tomarse sus copetines, porque en el pase de la caravana en Calle 50, se reía de más y hacía extrañas comparaciones. Ni en la panga se sostenía. Y qué me dicen de Rolando Aponte, todo desaforado, gritando cual energúmeno. ¡Out! ¡Dios mío! Explíquenme ahora por qué Erick Espino relata cual deporte se les ocurra transmitir. Desde que narró las Olimpiadas de Londres, en RPC creen que él funciona hasta para hablar de fútbol. Nada de lo que decía se le entendía, ni las jugadas ni los nombres de los jugadores. “Chumbulún” con él.
En ese afán de lograr lo que ellos llaman “primicia”, periodistas como Johny Mosquera olvidan que la gente tiene sentimiento. El martes, el futbolista Blas Pérez estaba ahogado en llanto por la emoción del gol y la tristeza por la muerte de su padre, y él le va a preguntar ¿cómo se siente? ¡Qué atorrante! Ludwik Tapia se divirtió de más. Al parecer, la victoria de la selección nacional lo hizo tomarse sus copetines, porque en el pase de la caravana en Calle 50, se reía de más y hacía extrañas comparaciones. Ni en la panga se sostenía. Y qué me dicen de Rolando Aponte, todo desaforado, gritando cual energúmeno. ¡Out! ¡Dios mío! Explíquenme ahora por qué Erick Espino relata cual deporte se les ocurra transmitir. Desde que narró las Olimpiadas de Londres, en RPC creen que él funciona hasta para hablar de fútbol. Nada de lo que decía se le entendía, ni las jugadas ni los nombres de los jugadores. “Chumbulún” con él.