Aunque el año pasado dije que no vería “Esa cabellera blanca” hasta que Mayín no participara, me dejé tentar por el “show”, porque por suerte para la gobernadora, la abuelita de Los Santos (la ganadora) le puso el toque gracioso a un programa que por años hacía caer en los brazos de morfeo a las participantes y a los televidentes.
Al César lo que es del César: las historias fueron el plato fuerte, cada una más impresionante que la otra, con tanto que enseñar que provocaba hasta un poco de vergüenza verlas ahí, sin quejarse, llenas de optimismo, pese a una vida llena de limitaciones.

Pero, como no todo es perfecto, a Mayín se le entendía menos que a las participantes y por ratos dejaba entrever su frustración con “cara de ya me están hartando”, mientras el programa se salía de control.
Mientras la representante de Macaracas se mostraba incómoda y con ganas de irse del escenario a Roseta -la presentadora carne en palito- se le ocurre -en la ignorancia propia de la juventud- catalogarla de “testaruda”. ¡Cero calidad humana!
En fin, esta edición 38 fue mucho más entretenida, pero insisto, sin tinte y una buena pollera, todos estaríamos orgullosos de que Mayín fuera la representante de Panamá el próximo año.