Hay momentos en que nos sentamos a reflexionar y casi llegamos a la conclusión de que ya no existen muchos hombres corteses. Claro que en el camino siempre quedan rasgos de cortesía en uno u otro, pero a nivel general es como si habláramos de una cosa del pasado.
Sucede que al conversar con algunos de los "implicados", fuimos descubriendo que "ellos" sí tienen la intención de ser corteses, pero la premura del tiempo, la timidez, el quehacer diario, el ir y venir contribuyen a que, en la mayoría de las veces, se les olvide o "se les pase" (como ellos dicen) uno que otro detalle.
La polémica surge cuando las damas se quejan de que ya no existen aquellos caballeros de antaño que abrían las puertas de los restaurantes, de los autos, que ofrecían su mano gentilmente para salir del auto, que abrían la silla elegantemente en los restaurantes, que cedían el puesto, que atentamente se apresuraban a recoger algo que se caía, que facilitaban su pañuelo a una dama a la que se le derramaba algo en el vestido sin ninguna intención, claro está. Y así, se podría enumerar una serie de situaciones a través de las cuales los hombres demostraban y hacían gala de cuán corteses eran.
Pero parece que el ajetreo diario influye hasta en las costumbres propias de la cultura porque uno de nuestros entrevistados, Fernando, de 25 años, señala que cada vez que puede ayuda a las damas o jovencitas que se tropieza por la calle, pero que a veces está tan apurado por llegar a su trabajo que aunque vea una situación X en la calle, no tiene tiempo para detenerse a brindar su apoyo porque o llega tarde y se gana un regaño o simplemente ignora lo sucedido y cumple.
Para este joven, los hombres de hoy viven en un dilema de ser profesionales, hombres, padres, novios y esposos perfectos, a lo que recalca que es difícil para ellos llenar todos esos requisitos al mismo tiempo.
Al cuestionarle sobre cómo a la mujer se le exige de igual manera cumplir a cabalidad con todas sus responsabilidades, Fernando no sólo reconoce que las mujeres de estos tiempos han logrado romper muchas barreras y escalar a sitiales envidiables, sino que también acepta que "en la mayoría de los casos, le pedimos mucho a las mujeres cuando nosotros deberíamos cooperar más".
Por su parte, Ernesto De León, de 37 años, explica que él se encuentra en la misma situación de Fernando, porque en algunos casos no ha podido ser cortés con alguna joven o señora simplemente porque está demasiado apurado. Por ejemplo, dice Ernesto, "la vez pasada yo iba a tomar mi hora de almuerzo, pero debía aprovechar para pagar mi recibo de luz porque si no, cuándo lo hago. Eso indica que debía aprovechar muy bien cada minuto. Pero en el momento menos esperado, a una joven muy guapa, por cierto- se le cayeron unos paquetes y claro, me dispuse a ayudarla... y en ese preciso instante vi que faltaban pocos minutos para volver a mi oficina y marcar antes de que el reloj indicara que había regresado tarde de mi hora de almuerzo. ¿Qué creen que hice?".
Por supuesto que Ernesto afirmó haberse ido con un gran cargo de consciencia no sólo por no haber ayudado a la joven, sino porque era bien simpática.
Esta es una cara de la moneda, pero la otra cara indica que es demasiada frescura de parte de los hombres que no les da la gana de poner en práctica las enseñanzas que han recibido en sus hogares.
"A mí ese cuento me lo cambian", dijo el señor Alfredo Delgado, de 68 años de edad, quien aduce que ser cortés no tiene nada que ver con la edad, ni con el tiempo, ni la oficina, ni nada, porque se trata de tener no sólo buenas costumbres, sino también de tener buenos sentimientos. "Cómo se le ocurre que voy a ver a una dama en una situación difícil y no la voy a ayudar", dijo un tanto molesto. "Ya hubiera querido que ese jovencito fuera mi hijo o mi nieto", agregó.
Para el señor Alfredo, la cortesía se inculca en el hogar, en la familia. Los padres son los responsables de instruir a los hijos desde pequeños, de transmitirles valores positivos sobre cómo tratar a las mujeres porque de eso dependerá el trato que les den el día de mañana en sus propios hogares. "Es una cuestión de educación", concluyó el entrevistado.
Y, no hay que confundir de ninguna forma cortesía con debilidad e igualar hombría con rudeza y falta de consideración o de cortesía.
Por otro lado, hay quienes sostienen que son las mujeres, en un mal entendido concepto de liberación y autosuficiencia, las que no les permiten a los hombres ser corteses porque no esperan a que les abran las puertas u otras acciones que dejan ver claramente que todavía hay hombres corteses. "Yo salgo corriendo a recogerle una pluma que se le cayó y ella me ve que voy a ayudarla y hasta se apura y la recoge antes que yo", manifestó Francisco, de 28 años. Aunque, admitió que "A veces, por unas pagan todas".
Sobre este punto, valga señalar que hay hombres que se escudan bajo la llamada "liberación femenina" para no ser corteses con las mujeres, ya que como manifiestan, hoy en día ellas han escalado muchas posiciones al igual que ellos, lo que las hace menos dependientes. Pero no obstante, la mujer con el pasar de los años y el elevado costo de la vida se ha visto obligada a salir de su casa y abandonar labores que tradicionalmente le eran encomendadas, para ser independiente y participar más en el devenir social.
A pesar de la autosuficiencia, del modernismo y que estamos como quien dice a pocos meses de iniciar un nuevo milenio, la mujer todavía espera esa galantería y cortesía que son innatos en el hombre.
¿Será acaso que la cortesía se convertirá en otro peldaño en la historia pasada del ser humano, que sólo recordaremos como quien recuerda esos viejos cuentos de pueblo que son únicamente narrados de generación en generación sin motivar otra cosa que a nuestra memoria?
Ese conjunto de normas que regulan nuestro trato social hacia los demás y que comúnmente conocemos como cortesía, nos atañe a todos conservarla. Nuestra invitación es a las mujeres, para que tengan presente que son las halagadas con estas prácticas, así que, dejen que espontáneamente el hombre se muestre cortés, y finalmente a los caballeros, para que reflexionen sobre el hecho de que a ellas les siguen agradando los hombres galantes y corteses. Y es que, como dice el refrán "lo cortés no quita lo valiente".