En su momento, se dirigió con pasos cortos y rápidos, hacia el centro del escenario.
Sus manos temblaban algunas de las hojas en las que llevaba su discurso (incluso algunas se cayeron), y el sudor proveniente de la frente nublaba su visión.
Su respiración se aceleró, la camisa se pegó al cuerpo por la transpiración, y por algunos segundos no pudo pronunciar palabra alguna.
Cuando por fin pudo dirigirse al auditorio, mostró un léxico muy pobre, las palabras eran repetitivas, nada parecidas a las de un licenciado en administración.
A ciertas personas hablar en público les provoca un estado de nervios y temor, pero la situación se complica aún más si al momento de hablar muestras un escaso vocabulario.
Rodolfo de Gracia, profesor de Español y escritor, señaló que el principal problema está en la pobreza de nuestro vocabulario y el no ordenar adecuadamente las ideas. "Es necesario leer, a través de ésta, enriquecemos nuestro vocabulario".
Para que una conversación sea amena se necesita variedad de términos. La repetición de palabras conocidas como "muletillas" no contribuyen a que los demás se interesen por escucharnos, además de ésta manera nuestro léxico queda estancado, expresó de Gracia.
Es una de las tantas formas de comunicación que hay, desde que el sistema auditivo y fónico, entra en juego. A través del habla expresamos nuestras ideas y sentimientos a los demás.
Para que la comunicación sea satisfactoria el orador debe ser interesante, sugerente, convincente y sencillo.
El interlocutor debe adecuarse al momento, al ambiente y al auditorio que lo escucha.
Penny de Henríquez, asesora de protocolo y etiqueta, hace algunas sugerencias para una agradable conversación.
Usar un lenguaje coloquial, es decir de más confianza pero con respeto.
Tono de voz adecuado, ni muy bajo ni muy alto.
Evitar gritos o utilizar palabras obcenas.
Al dictar una conferencia, ya sea en el colegio o en el trabajo, se necesita un lenguaje estándar, es decir que todos puedan comprender.
Tome las siguientes recomendaciones:
Buena imagen y postura que expresen cordialidad.
Lenguaje sencillo y fácil de comprender.
Tono de voz agradable con seguridad y fuerza.
Buena dicción y entonación correcta, siga las ideas que expone. (Ejemplo si el tema es triste no exprese alegría en su rostro).
Resumen final del tema.
Despedida y agradecimientos breve.
Toda persona que va a hablar frente a un auditorio se pone nerviosa. Nadie lo puede cambiar, y puede resultar positivo bien administrado.
Siga los siguientes consejos:
Si se equivoca al expresar una idea, no pida disculpas, simplemente siga adelante.
Si le sudan las manos, mantenga un pañuelo en su bolsillo y úselo.
Si el orador conoce muy bien su tema, no debe tener ningún temor.
Concéntrese en el tema y no en usted mismo ni en el auditorio.
Lea mucho para que domine el lenguaje.
Pronuncie bien las palabras, dígalas completas, con las eses finales.
No utilice palabras vulgares ni chistes de doble sentido.
No se refiera a otras nacionalidades o religiones de manera ofensiva.
Sea sencillo, sin soberbia ni falsas posturas.