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"La fama, a veces, se reduce a un rumor que viaja detrás tuyo"


En un mundo repleto de códigos, tratamos de averiguar aquellos que conducen el propio éxito de Antonio Banderas, aprovechando que el título de sunueva película lleva justamente ese mismo título: 'The Code'. Y en una entrevista exclusiva, en la privacidad de una suite especialmente reservada en el tercer piso del Beverly Hilton Hotel, lo conseguimos.

¿La fama tiene sus códigos?
Yo creo que sí. La fama puede ser un camión que te arrolla, si no te pilla en el momento justo de tu vida. Yo tuve mucha suerte en mi carrera, porque la fama no me vino de sopetón. Tuve la suerte que empecé a hacer teatro en Málaga, me marché a Madrid y comencé haciendo papeles muy pequeños. Eso te da la oportunidad de ir viendo todas las grandezas y miserias que existen en tu profesión. Y, cuando te toca a ti, de alguna manera ya te has curado, de no creerte nunca que lo que se te haya otorgado.


¿Y como padre, cuáles son tus códigos?
Como padre (los códigos) son más complejos. Yo estuve casado en una primera ocasión, pero no tuve hijos. Y en segundas nupcias, resulta que tuve tres de un tirón, y algunos de ellos ya con cierta edad, porque Alexander tenía nueve años, Dakota, seis y mi niña (Stella) nació al poco tiempo.

 

Entonces tuve que ponerme las pilas, porque los niños son absolutamente sinceros en las relaciones humanas y te sueltan las cosas así, en la cara, sin ningún tipo de hipocresía ni nada.

¿Y los códigos como esposo?
En esos códigos (del amor), yo prefiero no pensar demasiado, simplemente dejarme llevar por el corazón, por lo que uno siente. De momento, en el caso de Melanie, no me equivoco. Nos han llevado a sitios muy bellos, muy bonitos durante estos ya catorce años… y cinco días. 

La película 'The Code' se está promocionando con el lema “Nunca confíes en un ladrón”. ¿Personalmente eres muy desconfiado? No. Algunos de mis males, probablemente hayan venido por un exceso de confianza, en algunos momentos de mi vida.

 

¿En quién desconfiarías, por ejemplo?
Te iba a decir en los políticos, pero es una respuesta tan manida que le voy a conceder, incluso, un ápice de confianza a los políticos, porque los pobres ya están demasiado machacados.

¿Cómo logras mantener la confianza en un mundo tan desconfiado como Hollywood?
Una de las cosas que he tratado de recuperar en estos veinte años, desde que llegué a Hollywood, es recuperarme a mí, poder moverme en la calle con tranquilidad, como una persona normal.

¿Y qué normalidad te priva la fama? ¿Vas al supermercado, por ejemplo?
Depende, depende dónde esté. Aquí es mucha más suave, o en Nueva York también. De vez en cuando, una persona que otra se te acerca, te pide una foto o un autógrafo y, nunca he tenido problemas en darlo.

 

Me parece que se gasta mucho más energía rechazando, repitiendo que no y que no, en lugar de decir “venga, cómo no” y ya. La fama, a veces, se reduce a un rumor que viaja a unos tres o cuatro metros detrás tuyo.

Cuando escucho decir por lo bajo: “Banderas, ese es Banderas…” Pero también se produce una pérdida de la intimidad, se pierden ciertas cosas. Por ejemplo, en mi ciudad a la que yo amo, en Málaga, no me puedo mover con total libertad. Yo no le he podido enseñar a mi mujer, Melanie, ningún sitio por el cual yo he andado cuando era niño, como la escuela donde yo estuve, porque vas con un gorro de gente…

Hay amores que matan, ¿no?

 

Hablando de amores... A partir del éxito de la película “Tw i l i g h t ” se publicó un ‘ranking’ de los vampiros que más aman las mujeres y tu nombre figura en el cuarto lugar, después de los vampiros más jóvenes de “Tw i l i g h t ” y Brad Pitt. Incluso estás delante de Tom Cruise...
(Ríe) Es que yo he sido mucho más vampiro que Tom Cruise.

¿Cómo tomas el título de símbolo sexual, personalmente?
Yo siempre lo he tomado con bastante sentido del humor. Eso no se toma en serio. Imagínate a mí o a cualquiera que se lo tome en serio. Como una fórmula química, se convierte inmediatamente, de símbolo sexual en estúpido. 

¿Pero alimenta el ego?
No realmente. No, porque el ser símbolo sexual no es algo que se consiga con trabajo. En línea general te viene por naturaleza.

¿Qué opina Melanie Griffith?
Tampoco se lo toma en serio, siempre se ha reído de eso y por lo que me cuenta, ella también había sido considerada un símbolo sexual en los 80 hasta mediados de los 90.


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350311
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América