Sin embargo, las festividades que engalanan nuestro país comprende un espacio y un tiempo en los que se crea y revive la memoria, destacando una dimensión sociocultural del que todos debemos ser partícipes.
No se trata sólo de banderas y escudos, de tambores o batuteras, es más bien sentirnos identificados con nuestros rasgos vernaculares y extender una cordial invitación a lo que nos identifica como nación.
En este sentido queremos ahondar en personajes tradicionales como los diablicos sucios, parrampanes, las Mojigangas, Negros Bosales (Zaracundé), entre otros, que con sus coloridas vestimentas son ejemplo que sustentan la sincrética identidad centroamericana.
Esos fantásticos personajes también forman parte de una riqueza simbólica de todos aquellos evento significativos llevados a cabo en un paisaje no cotidiano que recordamos, vivimos, y año tras año revivimos.
Sin lugar a dudas, su espacio está identificado en las festividades del mes de noviembre. Por ejemplo, los parrampanes, grupo que se caracteriza por lo mangajo y descuidado de sus vestidos, en el pasado, se dedicaban a mofarse de las actividades que realizaban los gobernantes de turno.
Con sus mofas realizaban críticas y pedían la rectificación de algunos de los actos públicos, en los cuales incurrían los gobernantes del distrito.
Constituyen así, un verdadero significado de expresión colectiva que forma parte de la nación.