El día 23 de abril fue declarado por la UNESCO como el "Día internacional del libro y el derecho de autor". Y es que el 23 de abril de 1616 murieron por casualidad, coincidencia o destino, tres grandes artífices de la lengua: Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y Garcilaso Inca de la Vega. Esta conmemoración, proclamada y festejada por muchos países, me trae a la memoria aquella célebre frase de ese otro grande de la literatura universal, cuyo bicentenario de muerte se conmemoró en el 2002, Víctor Hugo: "Los recuerdos son nuestra fuerza. Cuando la noche nos invade, hay que prender las grandes fechas cual si fueran antorchas."
En este sentido, la celebración del Día Internacional del Libro y el Idioma, es antorcha que ilumina la reflexión que hoy debemos hacer sobre nuestro idioma tan querido y maltratado.
Shakespeare, Cervantes y Garcilaso vivieron en un mundo en expansión y cambio. Y así como cambió la visión del mundo, evolucionó también la lengua adaptándose a la imaginación del hombre de esa época.
Hombres de acción y reflexión, Garcilaso, al igual que Cervantes , Shakespeare y otros genios renacentistas, también vivió su propia aventura personal cuando viaja desde el Perú a España para reclamar su derecho a usar el nombre de sus antepasados. Por otra parte, Cervantes buscó la aventura en Italia y el Mediterráneo donde fue herido y sufrió cautiverio. Shakespeare, quien según cuenta una versión, se había encontrado con Cervantes en una de las misiones diplomáticas de este último, vivió una vida controvertida y consagrada a la aventura teatral. Por coincidencia, estos tres artífices del verbo, cosecharon sus pricipales éxitos literarios en los albores del siglo XVII.
No cabe duda que Garcilaso, Cervantes y Shakespeare tuvieron que satisfacer un público exigente, bien orientado en materia lingüística y deseoso de conocer el resto del mundo desconocido a través de su descripción. Así, estos escritores crearon un universo fantástico rico en imágenes y palabras que pudieran expresarlo.
A pesar de que hoy, a principios de un nuevo siglo y casi cuatrocientos años después de Cervantes, pasamos por un período de revolución en materia de tecnología y comunicación, no podemos decir lo mismo de la evolución de nuestro idioma, que preso de ese mismo avance, languidece en las pantallas de la televisión y la computadora, que resumen en una sóla imagen visual cientos de palabras. Así, la síntesis tecnológica ha ido empobreciendo el idioma. Sin embargo, y a pesar de lo que pudiéramos pensar, no siempre una imagen vale más que mil palabras. Shakespeare que enriqueció el idioma inglés con cientos de nuevas palabras y expresiones que se usan en la actualidad manejó su lengua manejó en plena libertad, sin las ataduras de la gramática o de los diccionarios, que no existían en la época. Y sin embargo, el público que asistía a las largas representaciones de sus obras podía representarse mentalmente sus imágenes verbales. Por más contradictorio que parezca, hoy en día la fuerza de las imágenes visuales televisadas y la síntesis de la comunicación computarizada, no sólo limitan nuestra capacidad verbal sino que hace languidecer nuestra imaginación.
Celebremos pues el "Día del libro y del idioma" con plena conciencia de lo que ellos representan para nuestro derecho a decidir, imaginar y ejercer nuestra libertad.