Variedades

La guerra de los sexos: el hombre contra sí mismo


El movimiento de liberación femenina ha jurado emancipar a la mujer, garantizándole los derechos que le han negado históricamente, y lo están consiguiendo. Todos sabemos que la mujer, a través de la historia, ha sido, es y será la mitad indispensable del hombre. Pero, somos los hombres quienes les hemos asignado a ella, arbitrariamente, el papel de ama de casa, madre de familia, niñera y juguete para entretenimiento masculino, algunas veces considerada también como objeto sexista. ¡Qué lástima! ¡Qué mala idea!.
Aún existen sobre la faz de la Tierra países, lugares, regiones; costumbres, tradiciones, religiones, sectas, donde a la mujer se le considera inferior al hombre, y que no puede pecar como él. Esto es, se le estigma una moral social y sexual; lo que para el hombre es tolerable y loable, es inadmisible en la mujer. Otros, la menosprecian y hasta la consideran símbolo de la naturaleza engañosa e impura en el mundo. Así, un hombre envuelto en una aventura sexual es un asunto normal; pero, una mujer envuelta en lo mismo, es una pervertida marcada con la señal del desprecio de todos y condenada a expiar su falta con sangre y lágrimas todos los días de su vida.
Sin duda, no todos apoyamos esta moción. Por el contrario, hoy se apoya a la igualdad de salarios, la igualdad de oportunidades para la educación, para el desarrollo y la búsqueda de la felicidad y la igualdad social, ante la ley y reconocimiento del derecho de la mujer a ser libre y buscar en la libertad su plena condición humana.
Lo anterior sólo ilustra un hecho, un error costoso que el hombre ha estigmatizado en la mujer; ha sido un crimen doloso, escrito no sé por quién, contra las mujeres. Digo contra las mujeres, porque el hombre haga lo que haga, siempre cae parado. Como lo señaláramos, todas las corrientes del mundo, desde las religiones hasta las filosofías, manifiestan una clara tendencia de menosprecio a la mujer.
A pesar de su accidentada historia, no estoy llamado a darle "libertinaje a la mujer"; no, eso no. Lo que quiero dar a entender es que la mujer debe enorgullecerse en ser ella. Por qué, porque el hombre necesita asombrarse ante el misterio de una mujer en quien hallar continuamente nuevos encantos, nuevas facetas y nuevas bellezas. Así, un hombre auténtico necesita una mujer verdaderamente femenina, a quien venerar y ante la cual depositar los trofeos de sus victorias físicas, intelectuales y morales.
Alguien dijo una vez que el hombre sería el más extraño animal del mundo si no existiera la mujer... y yo apoyo esa sentencia. Entonces, el mundo necesita de mujeres que se esfuercen por conservar lo que pertenece a su condición esencial. Yo digo que el mundo necesita de mujeres que quieran conservar lo más maravilloso de la vida, que es el amor.
Pienso que la vida no tiene significado sin la mujer. Sin ellas hay dolor, lágrimas, angustias, clamores, una inexistencia de la existencia misma. Es decir, sólo puedes conocerte a ti mismo si es que sabes que existes; pero no sabes de dónde vienes, para dónde vas y para qué existes. ¿Resultado? El hombre vive como en una agonía interminable sin una mujer, porque el hambre de su alma sólo la puede saciar con alimentos que se llaman certidumbre. Certidumbre en cuanto a su origen y su destino. Y esa certidumbre se encuentra en la respuesta a las preguntas vitales. Pero, al parecer, nadie conoce las respuestas.
El hombre ve, siente y huele diferente el mundo. Cuando están el hombre y la mujer, hay un acuerdo presencial. Cada uno tiene una misión y una función distinta en la vida. La mujer representa el calor humano, la ternura, la proximidad. Pero, sin embargo, nosotros los hombres no podemos vivir sin las mujeres. Con ello quiero decir que el hombre necesita de una mujer multidimensional que se proyecte como persona, que se desarrolle como tal.
Es decir, ya existen responsabilidades tanto del uno como de la otra. Ello no quiere decir que se merme lo dulce, cándido y considerable de la mujer que por desgracia ha sido despreciada y desvalorada con frecuencia desde que el mundo es mundo. ¡Ya basta! Valoremos a las mujeres; su feminidad, su consideración como tal; aceptémosla con todas sus consecuencias; aceptémoslas en todas las ramas del saber, que compitan y alternen en todas las direcciones; que un desacierto suyo no se considere como una deshonra; que una falta suya no sea la gota de agua que rebosa la copa; por el contrario, que se le respete su intimidad para que así nosotros los hombres sepamos perdonar.
El hombre necesita tanto a la mujer, como la mujer al hombre por razones muy diversas y profundas; nos necesitamos tanto del uno como de la otra. Recordemos que nada en el mundo es tan valedero como lo que desarrolla y ensancha el hombre para la mujer, porque es ella, la mujer, la que busca el medio para complacernos.
En fin, el tiempo que está de nuestro lado, está dejando de sangrar a esa parte más bella de la creación Divina, encausando a la sociedad y a la humanidad al descubrir que existen, en superación, más mujeres que hombres; en número han crecido. ¿ Y por qué no decirlo?, aunque el tal "homo" dice ser "homo", rara vez es "sapiens" si continúa con su costumbre de "prestigio" y masculinidad.
Consideremos lo conocido por mencionar a la mujer como persona que tiene alma, sentido, corazón; eliminando la mezquindad por no querer reconocerle sus méritos y responsabilidades. En todo caso, interesémonos y colaboremos con ella, para la buena marcha de asegurar el futuro y la continuidad de la raza humana.


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22397
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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