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La hija de don Nicanor, no quiere al Aguila Arpía en el escudo


Recuerdo con cariño al pueblo capireño de Ollas Arriba, porque allí fue donde escuché por primera vez el dicho: "Todo se paga en esta tierra" y al parecer el Aguila Arpía, ícono del corredor biológico mesoamericano está comenzando a pagar los crímenes cometidos con los monos, las iguanas y hormigueros de nuestros bosques. Y, es que dentro de la abundante avifauna panameña, el águila arpía es verdaderamente mala. Aún así recientemente fue nombrada por ley como ave nacional.
Pues, todos estamos de acuerdo con su conservación, pero eso no es suficiente para que pose sobre nuestro escudo nacional.
Doña Carmen Villalaz de Wolff, hija de don Nicanor Villalaz, autor del escudo de armas de la República, no quiere por muchas razones al Aguila Arpía en el símbolo que nos legara su padre, uno de los letrados más connotados que haya tenido el Istmo. Alega la señora Carmen, que su padre no dejó testimonio en sus textos, favoreciendo a ninguna de las cuatro águilas con que contamos en Panamá, a saber: Aguila pescadora, la solitaria, la crestada y la arpía. Yo mismo les certifico a ustedes que la arpía es la menos elegante de las cuatro y que tienen casi el mismo tamaño.
Doña Carmen está ayudando al importantísimo grupo de intelectuales, preocupados por llevar a la Asamblea una ley que regule de una vez por todas los símbolos de la nación y entre ellos el escudo.
Doña Carmen Villalaz de Wolff habló con voz firme el recién pasado 25 de mayo del presente año, en el pleno del Consejo Municipal de Panamá, delante de una veintena de intelectuales, entre ellos docentes universitarios, escritores e historiadores notables, del por qué detestaba al Aguila Arpía. Dijo, además, que a principios del siglo XX su padre, quien no sabía dibujar, participó en el concurso para escoger nuestro escudo de armas, pagándole al artista alemán Max Carl Richard Lemm Biebert, residente en lo que es hoy el casco antiguo, para que plasmara su creación en papel. Explicó, levantando el índice, que en ningún momento ordenó su padre al dibujante colocar un águila específica ni a ninguno de los más de sesenta gavilanes o elanios que dominan nuestros cielos. El artista puso un águila cualquiera, nos imaginamos que como germano colocó la figura de un águila rapaz del caucaso cervecero.
Yo estoy de acuerdo con doña Carmen, lo que pasa es que el grupo que favorece al Aguila Arpía, ve con celos cómo el helanio del escudo de México machaca con sus patas a una serpiente, asimismo querrán ellos que la arpía sobre nuestro escudo destripe los riñones de un inocente mono perezoso o los de un avispado cariblanco, como es su costumbre.


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155224
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América