La industria del cine ha dado las mayores historias de amor imaginables, pero sus estrellas parecen saltarse el guión cuando se trata de llevar a la práctica el melodramático "hasta que la muerte nos separe".
Eso es lo que se deduce de la nueva ola de separaciones de Hollywood, que no deja a nadie a salvo. La pasada semana se produjo el inesperado anuncio de que Tom Cruise y Nicole Kidman ponían fin a su matrimonio y esta se supo que lo mismo ocurría con la relación entre Jennifer López y Sean "Puffy" Combs.
No es que faltaran rumores, porque la relación de la diva hispana con el artista de rap fue, desde su inicio en 1998, un nido de víboras que hablaban de los caprichos de ella o de los celos de él.
El factor sorpresa está, en el caso de López y "Puff Daddy", en el momento en el que se hizo el anuncio, sólo unos días después de que la actriz insistiera en que "se mantenía junto a su hombre", ahora que está siendo sometido a juicio.
Y en el caso de Cruise y Kidman, decidieron partir reales sólo un mes después de que la pareja hubiera renovado sus votos matrimoniales.
Tampoco se ha librado "la novia de América", Meg Ryan, separada de su esposo, Dennis Quaid, tras trabajar junto a Russell Crowe; ni el "héroe de Hollywood", Harrison Ford, alejado de su esposa, la guionista Melissa Matheson, por una crisis de la mediana edad.
Kim Bassinger y Alec Baldwin también sucumbieron a la separación sin que su hija Ireland pudiera evitarlo, lo mismo que les ocurrió a Jim Carrey y Renée Zellweger, separados antes de pasar por la vicaría, aunque el actor aún sigue diciendo que cree en el matrimonio.
Sin embargo, no es que el suyo con su última esposa, la actriz Lauren Holly, durara mucho, ya que se casaron el 23 de septiembre de 1996 y se separaron el 25 de junio de 1997.
Fue corto, pero hay quien les gana y la lista es larga. Dennis Hopper y Michelle Phillips se divorciaron a los ocho días de su matrimonio; el productor Robert Evans y la actriz de "Dinastía" Catherine Oxenberg anularon el suyo a los doce días y la actriz de televisión Robin Givens y su instructor de tenis se separaron el mismo día de la boda.
También están Helen Hunt y Hank Azaria, que tras cinco años de relaciones se casaron en 1999 para separarse el pasado agosto, o Courtney Thorne-Smith, actriz de "Ally McBeal" que fue novia en junio y divorciada al siguiente enero, no sin antes posar en la portada de una revista dando consejos para "una boda de ensueño".
"El cocina y yo hago declaraciones", bromean Joanne Woodward y Paul Newman, una de las pocas parejas que, tras 43 años de casados, tres hijas y once películas juntos, aún dan esperanzas al matrimonio de por vida.
Otros ejemplos parecen indicar que al segundo intento matrimonial va la vencida, como el de Rita Wilson y Tom Hanks (doce años de cas) y Kate Capshaw y Steven Spielberg (diez años) o el de Warren Beatty y Annette Bening, al que no vaticinaban ni treinta segundos de convivencia conyugal y ya va para nueve años y cuatro hijos.
Tampoco parece irles mal a otros matrimonios que se preveían inviables, como el de Angelina Jolie con Billy Bob Thornton o el de Antonio Banderas con Melanie Griffith.En ambos casos, las esposas llevan tatuado en un brazo el nombre de sus caballeros.
Tim Robbins y Susan Sarandon o Willem Dafoe con Elizabeth LeCompte son ejemplos de que no hace falta firmar papeles cuando existe voluntad, los primeros conviviendo hace trece años, los segundos más de veinticuatro, lista a la que se suman Al Pacino y Beverly D"Angelo y los gemelos que acaban de tener mediante inseminación artificial.
Julia Roberts también parece haber descubierto el amor en Benjamin Bratt, abandonando los años locos en los que dejó a Kiefer Sutherland en el altar para fugarse con su mejor amigo.
Y es que, tal vez, los guiones amorosos de las estrellas los escribe el público que muchas veces está más interesado en comprobar con quién comparecerá Russell Crowe a la entrega de los Oscar (¿Meg Ryan, Courtney Love, Leelee Sobieski?) que en si conseguirá la estatuilla esa misma noche.