Un mundial de fútbol genera tensiones tan fuertes que le hacen poco recomendable para organismos débiles, convalecientes, cardíacos, aprensivos y merodeadores de hospitales, pero también es una buena excusa para conseguir la baja médica al menor síntoma.
Jean Baptiste Poquelin, el monstruo del teatro francés y universal del siglo XVII, habría encontrado en los Mundiales de fútbol, de haberlos conocido, abundante material para escribir una de sus mejores obras, "El enfermo imaginario".
Aficionados de todo el mundo participan durante el Mundial de un singular proceso de globalización consistente en ponerse enfermo para, con la baja médica en la mano y una prescripción de reposo absoluto, instalarse en el sofá con la nevera bien provista de cervezas para disfrutar ante el televisor del mayor espectáculo del mundo.
Cada cuatro años, coincidiendo con la Copa del Mundo, la alarma suena en las empresas de casi todo el planeta, que durante un mes se ven obligadas a desarrollar su actividad con muchos menos efectivos.
Mientras algunos países se resignan a convivir con un fenómeno que consideran inevitable, otros, como Holanda, intentan combatirlo mediante campañas de inspección tras constatar que las bajas por enfermedad experimentaron un súbito aumento del 19 por ciento cuando Holanda participó en los Mundiales, como ocurre ahora.
Los enfermos imaginarios se dan de baja no sólo para presenciar a sus anchas los partidos, sino también al día siguiente, para tomarse una jornada de reflexión, en la que las bajas se sitúan un 15 por ciento por encima de los niveles habituales.
Si se tiene en cuenta que un día de baja por enfermedad cuesta a un empresario holandés unos 250 euros de media, cada partido de la selección "oranje" tiene un coste acumulado de 15 millones de euros.
Casi la mitad de los croatas que tienen trabajo se pondrán enfermos o se tomarán vacaciones desde el inicio de los partidos para contemplar sin trabas los partidos del Mundial.
El porcentaje, aquí, de hijos de Moliere alcanza también el 15 por ciento, según la encuesta elaborada por la agencia de empleo "posao.hr" sobre una muestra de 1.074 personas, un 60 por ciento de varones.
La fiebre futbolística alcanza incluso a países que no tienen equipo nacional en la Copa del Mundo. En Palestina, el fútbol adquiere tal presencia pública que hasta la milicia de Al-Fatah se toma un descanso para mirar la televisión durante el torneo.
No se ponen expresamente enfermos pero durante un mes pierden su interés en la Intifada, asegura uno de sus dirigentes.