Tal dilema pone a los padres en el problema de qué hacer con el tiempo de ocio de sus hijos. No hay una respuesta exacta sobre si es mejor que los niños estén ocupados en clases, campos de verano u otras actividades durante las vacaciones o si es mejor que se queden en casa. Para una familia con ingresos limitados, pero con una abuela o mamá en casa, la única alternativa es que los niños se queden con ella. Para una pareja en la que ambos trabajan, no hay más remedio que mandarlos a alguna parte en que los tengan ocupados y cuidados.
Sobresaturar a los niños de actividades fuera del hogar es perjudicial, pero también lo es dejarlos en casa conectados todo el día a videojuegos y a la televisión.
Según mi opinión, lo importante, es que los niños estén a ratos tranquilos, haciendo oficio y colaborando en el hogar, y si se puede también ocupados en alguna actividad interesante, pero siempre dejándoles espacios para que ellos ejerciten su creatividad.
Si bien no se trata de practicar las tablas de multiplicar o de hacer largas y tediosas copias, el período de descanso puede aprovecharse para incentivar una buena lectura, visitar algún lugar histórico o idear algún tipo de actividad que dé la posibilidad de hacer algo más que sólo ver televisión o, someterlos a largas horas en actividades académicas que no aprovechadas durante el período escolar, difícilmente lo hagan en los días de descanso. Peor aún, si se siente obligado.
Investigadores estadounidenses de la Universidad Johns Hopkins observaron el efecto que las vacaciones tienen en el rendimiento escolar de niños de educación básica de los diferentes niveles socioeconómicos de las grandes ciudades en Estados Unidos. Los niños más pobres empezaron el colegio con un nivel de lectura y matemáticas más bajo. La diferencia ocurrió durante el periodo de descanso. Cuando los niños volvieron al colegio después de las vacaciones, los alumnos más pobres bajaron su rendimiento en lectura y matemática y los niños de familias de mejores recursos mejoraron en ambas materias.
Según el análisis de los autores, los niños de la clase media y alta tenían mejor rendimiento después del verano porque iban más al parque, a la playa, a la piscina, a los museos, al cine y a los zoológicos. También porque tomaron clases de natación, danza y participaban en actividades deportivas y solían viajar fuera y dentro del país.
Los niños de escasos recursos tienen poco o nulo acceso a las actividades mencionadas en el párrafo anterior y muchas veces ni siquiera cuentan con espacios recreativos estimulantes. De ahí la importancia de las actividades en torno a las vacaciones recreativas realizadas por diversas entidades de recreación, cultura y deporte que, en muchos casos, constituyen la única posibilidad recreativa.
En caso que no sea posible salir fuera, también en casa y de acuerdo a las posibilidades de cada familia no son pocas las actividades que se pueden realizar y que pueden activar la creatividad de los niños. Por ejemplo: inventar algún postre o comida diferente para cocinar juntos, hacer concursos de dibujos entre los hermanos con pequeños premios para cada uno, arreglar el jardín, construir algo útil, jugar a algún tipo de juego de cartas. Se trata de actividades simples, nada caras y donde es posible que participe toda la familia.
Recuerde que si la opción es tomar un curso de natación, inglés, música, etc. éste debe ser escogido por el niño. Usted puede orientarlo según sus afinidades y habilidades. De esta forma, el pequeño no sentirá la actividad propuesta como una obligación.
Si la única alternativa es la casa, organice horarios para ver la televisión, jugar, pintar, aprender un oficio manual o simplemente descansar.
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